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Como algunos sabéis, soy una fiel seguidora de la obra de Jane Jacobs, especialmente por sus aportaciones a la CPTED clásica (aunque siguen siendo útiles como el primer día). Ella fue una adelantada a su tiempo por varios motivos, e incluso llegó a hablar de poner “ojos en la calle” una década antes de que el criminólogo Ray Jeffery escribiera su libro “CPTED: Crime Prevention Through Environmental Design”, acuñando así el término. Jacobs sentó las bases de lo que los criminólogos conocemos como vigilancia natural o control social informal.

Pues bien, precisamente de eso va la entrada de hoy; de cómo podemos mejorar la vigilancia natural, en el sentido de hacerla más efectiva.

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Para empezar, ya he hablado de la vigilancia natural, como parte de la CPTED, anteriormente en el blog. Recalco que es muy importante usarla de manera efectiva para poder beneficiarnos de ella. Y es que vigilancia natural no quiere decir que haya que transformar todos los lugares públicos en plazas diáfanas, liarse a podar árboles para que a nadie le tapen la vista, etc. Se trata de conseguir soluciones equilibradas.

Ya sabemos que Jane Jacobs dijo aquello de poner “ojos en las calles”, pero cuidado (iba a poner “ojo”), porque ese es su enfoque particular de la vigilancia natural y también el más clásico que tenemos. Afortunadamente, este principio de la CPTED se ha seguido desarrollando desde sus orígenes (años 60). A donde quiero llegar con todo esto es a que hay más enfoques de la vigilancia natural además del de Jacobs.

Para ilustrar este artículo, y hacerlo algo más “práctico”, he buscado una imagen en Google Maps de un edificio cualquiera —pero que cumple ciertos requisitos—, y la voy a usar como ejemplo para analizar los aspectos que debemos cuidar para conseguir una vigilancia natural efectiva:

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Primero: ¿permite este edificio los “ojos en la calle”? Sí, y de varias formas:

  • De los vecinos (además, tienen terrazas).
  • De gente que se acerca al edificio (vecinos, visitantes, dueños de los locales de la planta baja…).
  • De peatones, por la acera.
  • De conductores que dejan el coche en las plazas de aparcamiento que hay delante.
  • Del portero (sí, parece que este edificio tiene conserje, pero esto lo vamos a omitir para que el ejemplo sea más universal).

Bien, pues desde el punto de vista de un criminal, este edificio puede resultar interesante porque, aunque parezca increíble, tiene una vigilancia natural deficiente:

  • Los vecinos no están las 24 horas asomados a las ventanas; además, fijaos qué altura tiene el primer piso. Por si fuera poco, es un edificio de siete alturas (y ya sabéis lo que dicen algunos criminólogos sobre los edificios altos…).
  • Los locales cierran por las noches y también pueden hacerlo ciertos días (festivos, vacaciones, bajas laborales de los comerciantes…).
  • Igual que en el punto anterior, los peatones y los conductores dejarán de pasar por allí a ciertas horas, especialmente si no viven muy cerca.
  • Obviamos al conserje (pero aún teniéndolo en cuenta, puede estar de baja, ser relevado por un suplente en vacaciones…).

Así que este edificio estará muy bien a determinadas horas y determinados días: habrá  “ojos en la calle” de sobra, pero eso no siempre será así, y es en esos momentos cuando más vulnerable es.

Otro ejemplo es este otro edificio; me refiero al de la izquierda de la imagen (me he tomado la libertad de recortarla así para que se vea parte de su entorno):

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Aunque pueda parecer una situación radicalemente diferente, también se observan problemas relacionados con la seguridad, algunos relativos a la vigilancia natural:

  • Los criminales pueden ver objetos de valor desde la calle (incluso desde vehículos), especialmente por la noche, cuando los vecinos tienen las luces encendidas.
  • Los criminales tienen rutas de escape fáciles desde el edificio (a pie de carretera y en las afueras de una urbanización; gran parte de lo que hay alrededor son  descampados y un aparcamiento público).
  • La capacidad de intervención de los residentes en caso de incidente en el recinto del edificio es relativamente baja, debido a que hay que bajar las escaleras y salir del portal (al ser un edificio de dos alturas, es probable que no tenga ascensor).
  • Si los potenciales criminales acudiesen en coche hasta este edificio, podrían prepararse previamente, e incluso establecer cierta vigilancia sobre la actividad de los vecinos, situándose en el estacionamiento público que hay justo al lado (podéis ver el entorno en la siguiente foto aérea donde he marcado el parking en verde; el edificio es el del centro en la parte de abajo):

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Tras estos ejemplos, me gustaría exponer algunos aspectos clave que son necesarios para implementar una buena vigilancia natural, porque hacen falta diseños efectivos para que ésta funcione (se supone que debe reducir la criminalidad y no generar nuevas oportunidades para la misma):

– La vigilancia natural tiene que fomentar el control informal: esto es equivalente a poner “ojos en la calle”, pero no solo se refiere a observar pasivamente, sino que también se contempla la posibilidad de intervenir ante un incidente. Este aspecto está relacionado con las aportaciones de Jane Jacobs y también con las de Oscar Newman y su “espacio defendible” (defensible space); según esta teoría, si se garantiza que los ciudadanos puedan ser testigos de (ver) actividades criminales, intervendrán de alguna manera actuando como defensores del espacio que les rodea, lo cual reducirá la criminalidad… pero esto es más fácil decirlo que hacerlo, ¿verdad? Lo cierto es que, aunque implementemos una buena vigilancia natural que garantice ese control informal, para que los ciudadanos actúen o intervengan hace falta concienciación y educación.

Hay algunas experiencias concretas que muestran que la teoría del espacio defendible de Newman es arriesgada al pretender que el ciudadano intervenga ante ciertos incidentes, e incluso que la mayoría de ellos se sienten aliviados al presenciar un hecho criminal y saber que la víctima es otro (si nos ponemos en un caso extremo, ahí tenemos el de Kitty Genovese). Recomiendo mucho ver este documental para saber más sobre su aplicación (¡y sale el propio Newman!).

Pero la propuesta de los “ojos en la calle” de Jacobs también es problemática si nos pasamos de la raya… si aumentamos el número de personas en la calle más de lo necesario, también puede aumentar la criminalidad porque hay más objetivos potenciales para los criminales. Esto explica porqué algunas aplicaciones de estrategias CPTED no funcionan, porque se hacen a lo loco, no se cuenta con criminólogos ni expertos en el tema y, donde se pretendía reducir la criminalidad se termina generando un “punto caliente” (hot spot). Así que, en general, reducir la criminalidad depende de aumentar el número de ojos en la calle, pero nunca de forma indiscrimininada y sin tener en cuenta otros factores.

– La vigilancia natural no debe generar nuevas oportunidades para la criminalidad: uno de los motivos por los que la vigilancia natural es un concepto que se suele infravalorar de cara a su aplicación es porque se olvida —o se ignora— que funciona bidireccionalmante: puede ayudar al ciudadano pero también al criminal.

La vigilancia natural forma parte de la CPTED desde su época clásica (años 60-70) y aboga por mantener lineas claras de visión en los espacios públicos que rodean las viviendas, ya sean casas o edificios. Algunas de las estrategias más típicas son podar setos (os recomiendo la lectura del “Proyecto piracantas” porque va de eso) o usar verjas en lugar de muros. La idea que subyace detrás de esto es que la criminalidad se reduce porque hay más observadores (de nuevo, los “ojos en la calle”), lo cual ofrece potencialmente más posibilidades de defenderse. Sobre la vigilancia natural se suele decir que consiste en “ver y ser visto”, porque también alguien que pasea por la calle puede ver a un asaltante entrando en una vivienda y llamar a la policía.

Todo esto suena muy bien, pero también tiene un inconveniente: los ciudadanos pueden observar lo mismo que los criminales. De hecho, esto está muy relacionado con la teoría de las actividades rutinarias, porque precisamente una de las cosas que pueden observar los criminales son las rutinas de sus potenciales víctimas; esto les puede ayudar a buscar nuevas oportunidades para delinquir o, al menos, actividades ajenas que se lo faciliten.

En resumen: no todo es maravilloso en la vigilancia natural porque puede facilitar la criminalidad permitiendo la observación de potenciales víctimas u objetivos. Quien crea que implementar una buena vigilancia natural es tan sencillo como dejarlo todo despejado, lo lleva claro… Por eso es tan importante conocer sus limitaciones y recordar que es bidireccional: lo que un ciudadano ve, también lo ve el criminal (¡y rima y todo!).

¿Os acordáis del segundo edificio que puse antes? Es un claro ejemplo de vigilancia natural en el que la bidireccionalidad puede jugar a favor de la criminalidad, porque:

  • Se pueden ver objetos de valor en el edificio desde la calle (nuevos objetivos por los que quizá merezca la pena delinquir).
  • Permite observar la rutina de sus habitantes, horarios de entradas y salidas, cuándo se acuestan por las noches, etc. (identificar los mejores momentos para delinquir).
  • En sus alrededores hay múltiples vías de acceso y escape, lugares para la posible vigilancia de los vecinos o la preparación de un delito, etc. En concreto, el parking público puede tenerse en cuenta como un recurso de apoyo para las actividades criminales.
  • Aún en el caso de que hubiese videovigilancia en la fachada del edificio, hay suficiente espacio alrededor (fuera de su alcance) como para observar la colocación de las cámaras y buscar posibles maneras de neutralizarlas.

Vale, pero entonces ¿cómo aplicamos la vigilancia natural sin liarla? La respuesta está en la vigilancia natural de la CPTED de nueva generación que, de manera muy simplificada, es un remix entre la CPTED clásica y la SCP (prevención situacional del crimen). Usar la vigilancia natural en la actualidad implica reducir o bloquear la capacidad de los criminales para aprovecharse de las lineas claras de visión.

Evidentemente, hay muchísimas estrategias para aplicar la vigilancia natural y reducir sus inconvenientes, así que he buscado algunos ejemplos concretos, de manera que en el siguiente artículo de esta serie veremos:

  • Ejemplos con fotografías para reducir o dificultar la actividad criminal usando la vigilancia natural de forma efectiva.
  • Cómo implementar la vigilancia natural teniendo en cuenta la privacidad de los encargados del control social informal (los observadores).

Muchas gracias por leer y hasta la próxima entrada.

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