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Antes de empezar con el artículo de hoy, un recordatorio y una buena noticia:

  • Si os interesa presentar un paper criminológico para el XV Congreso Internacional de Internet, Derecho y Política, que estará dedicado al cibercrimen, que sepáis que aún estáis a tiempo para enviar el resúmen: el plazo se ha ampliado hasta el 25 de septiembre (más información sobre el evento aquí).
  • En relación con dicho congreso… ¡Mi resumen ha sido aceptado! De aquí a enero de 2020 estaré desarrollando una idea que me ronda la cabeza desde hace tiempo, y que tiene que ver con la participación de las víctimas en ciertos ciberataques y algunas medidas de CPTED aplicadas al ciberespacio.

Y hablando de CPTED… Hace tiempo publiqué esta entrada en la que hablo de los principios de la CPTED (y me invento un bicho raro como truco para recordarlas). Tenía más artículos pensados para esa serie, pero hacía falta que se me ocurrieran ejemplos originales (y de la vida real) para publicarlos. En el artículo de hoy os hablo de legibilidad, con la ayuda de una noticia muy reciente, que me ha parecido perfecta para ilustrarlo. 

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Refresquemos el concepto de legibilidad (legibility) según la CPTED (Crime Prevention Through Environmental Design), que es la facilidad para saber dónde estamos o encontrar el camino que nos interesa, o dicho de otro modo, es la capacidad para orientarnos en un ambiente. Un mal diseño (pobre en legibilidad) nos resta dicha capacidad, mientras que un lugar bien diseñado nos facilita saber dónde estamos y cómo podemos llegar a donde nos dirigimos (ojo, que si llevamos prisa, esto es fundamental).

Decimos que un sitio es legible o tiene una alta legibilidad cuando las personas que se mueven por él saben por dónde van y cómo van a llegar a su destino desde allí, pero también cuando saben que estan en un lugar donde no deben estar (por ejemplo, un área restringida como una propiedad privada). La legibilidad es útil tanto para peatones, como para conductores; imaginad que las carreteras no tuvieran señalización, el lío que se montaría… Pero por el ejemplo que voy a poner, me quiero centrar en las personas que van a pie; la legibilidad les ofrece una mayor confianza a la hora de usar un espacio, porque es más dificil que se pierdan (¿quién no se siente vulnerable cuando está perdido?).

Una de las maneras más comunes -y efectivas- de fomentar la legibilidad, es usar señalización que ayude a las personas a orientarse. Aquí quiero destacar un punto en relación al ejemplo: es sumamente importante que se señalicen adecuadamente las zonas restringidas, a las que no se puede acceder. Así, “matamos dos pájaros de un tiro”: evitamos el bochorno al intruso accidental y evitamos incidentes (enfrentamientos, problemas de seguridad, etc.). Precisamente con esto tiene que ver la noticia que ha saltado a los medios de comunicación ayer, 28 de agosto (ilustro con fotografías tomadas de la televisión, que pertenecen a “Antena3 Noticias”).

Los titulares dicen que “un turista español provoca la cancelación de 130 vuelos en el aeropuerto de Múnich“. Por lo visto, el jóven se despistó y accedió, a través de una puerta crítica, a una zona restringida, solo permitida para los pasajeros que hubieran pasado el control de seguridad; una puerta crítica es un acceso reservado únicamente para el personal de seguridad. Aunque este hecho provocó un caos en la seguridad del aeropuerto, lo único que tuvo que hacer para saltarse involuntariamente el control de seguridad, fue abrir la citada puerta con un botón que estaba situado en el lado superior de uno de sus laterales (accesible para cualquiera que tenga la altura adecuada).

Y la pregunta obligada es, ¿indicaba alguna señal que esa puerta estuviese reservada a cierto personal o estuviera prohibido su uso? Aquí el esquema que sacaron ayer por televisión, donde nos muestran, en amarillo, el recorrido del turista:

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Y aquí un ejemplo, del aeropuerto del Prat, de una de esas puertas críticas:

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Tal y como yo lo analizo desde el punto de vista de la legibilidad, esto es un claro suspenso. No solo se trata de una puerta bastante normal, sino que además, la única señalización visible cerca de ella es un cartel de prohibido fumar. Lo único que hace imposible abrir la puerta de la imagen es que no tiene manillar; de esa manera evitan que la gente intente pasar por ella, pero a mi parecer, no es suficiente. Si alguien va con prisa (muy habitual en un aeropuerto), se encuentra perdido (idem) o hay una emergencia real y quiere salir por el primer sitio que vea, ¿creéis que sería raro que intentase empujar esa puerta? Ya no digamos si tiene un botón cerca para poder abrirla…

Bueno, pues aquí se complica la cosa, porque dice la prensa internacional, que el turista apretó un botón… de una puerta de emergencia, que es solo para salir (“he had entered an area of the airport via an emergency exit door where only controlled passengers are allowed”). Como siempre, realizar un análisis exhaustivo de estas noticas, desde un punto de vista criminológico, resulta poco menos que imposible. Pero no nos perdamos en los detalles, porque, sin importar si el turista pasó por una puerta crítica o por una de emergencia, no es tan raro que las personas se equivoquen o se despisten (y, sin entrar en el tema de la seguridad, esto no es la primera vez que pasa en el aeropuerto de Múnich).

La puerta del aeropuerto del Prat es un claro ejemplo de falta de legibilidad. No basta con instalar una puerta sin picaporte, porque eso no evitará que las personas se acerquen hasta que puedan comprobar que no se abre; y ese es el problema aquí, que haya intentos para abrir una puerta que no se debe o, como mínimo, un interés por acercarse a ver si se puede pasar. Cuando usamos la legibilidad para señalar que algo está prohibido, debe quedar claro y ser visible desde una distancia prudente; de ahí que muchas señalizaciones sean grandes, incluyan dibujos que cualquiera pueda entender y tengan colores llamativos.

Intentar camuflar una puerta o hacerla pasar desapercibida en un lugar frecuentado por personas que pueden estar desorientadas o ir con prisas, es una clara invitación a intentar abrirla: primero porque es perfectamente identificable, y segundo porque, como en el caso de la del Prat, cuando alguien está frustrado, cansado o se siente vulnerable al estar perdido, busca una salida rápida y su cerebro se pone en marcha para buscar detalles como este:

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No, no hay manillar para abrir la puerta, pero ese embellecedor es un imán para los ojos (y para las manos). Sería mucho mejor que, dado que la puerta no se puede abrir por un lado, ni siquiera lo tuviese. Lo mismo sucede con botones como este (si no están protegidos en un cajetín con llave o pone “solo personal autorizado”, nada me impide usarlos):

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En definitiva, si es una salida de emergencia o una puerta para personal autorizado, es imperativo usar la legibilidad para evitar situaciones problemáticas como la de la noticia. Para terminar con el ejemplo, fijaos en esta puerta:

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¿Queda claro para lo que es? Aunque no conociéramos el idioma ni supiésemos leer hay otros tres elementos que nos indican que es una puerta especial: el color rojo, el pulsador de la izquierda y la alarma cerca del techo. También tiene una apertura en forma de barra, que, de nuevo, si estuviésemos en una situación de emergencia, sería mucho más fácil de encontrar tanto visualmente como mediante el tacto. Así debería usarse la legibilidad en muchos lugares, y más cuando lo que está en juego es la seguridad.

En cuanto al turista de la noticia, me parece un poco exagerado que se le responsabilice de haber causado un caos circulatorio y de haber provocado pérdidas millonarias, cuando todo parece indicar que estamos ante un caso de legibilidad pobre (o directamente, inexistente). Los responsables del aeropuerto deberían responsabilizarse, ya que se ha puesto en jaque la seguridad de su espacio por un problema que podrían haber evitado con una inversión pírrica. En lugar de centrarse en el escarnio público de un sujeto que ha resultado ser inofensivo, se debería aprovechar la información tan valiosa que nos ha ofrecido (también involuntariamente):

  1. Hay un problema de legibilidad: se debe mejorar la señalización para evitar futuros despistes.
  2. Hay un problema de seguridad: si una persona malintencionada quisiera entrar en la zona restringida sin pasar el control, podría hacerlo (y sin demasiado esfuerzo).
  3. Hay un problema de vigilancia: no había nadie vigilando la puerta, es decir, ningún agente que pudiese advertir lo que estaba pasando para prevenir la intrusión (involuntaria o no).

Aunque esto es solo un ejemplo de la diferencia que puede haber en el uso de un espacio cuando la legibilidad es insuficiente, lo mismo sucede con otras medidas que propone la CPTED, que muchas veces no dejan de ser pequeñas inversiones de futuro que pueden ahorrarnos muchos disgustos.

Lo dejamos aquí por hoy, ¡hasta la próxima entrada!

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