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Durante el verano de 2015, publiqué dos artículos relacionados con la conocida como “Teoría de las ventanas rotas” (aquí y aquí).  También el año pasado publiqué un breve podcast sobre el tema, y quisiera recuperar sus conclusiones con motivo del reciente fallecimiento del criminólogo George Lee Kelling (uno de los padres de la citada teoría, junto con James Q. Wilson y Catherine M. Coles).

Pero antes me gustaría disculparme con uno de los lectores del blog, Luiz Carlos da Fonseca, que me escribió desde Brasil para que transcribiera el contenido del podcast, ya que estaba muy interesado en el tema. ¡Y es que he tardado casi un año y medio en hacerlo! Pero como lo prometido es deuda y más vale tarde que nunca, allá voy.

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George L. Kelling – en 2015

El pasado 15 de mayo de 2019 nos dejaba el señor Kelling, criminólogo estadounidense conocido por la Teoría de las ventanas rotas. Creo que esta teoría es de las más valiosas que nos han dejado los criminólogos del siglo XX y que merece la pena seguir estudiándola, no solo para no olvidarla, sino para re-adaptarla a los nuevos tiempos; seguro que tenemos ventanas rotas para rato porque la idea es bastante versátil.

Voy a dividir esta entrada en dos atendiendo a dos cuestiones:

¿Porqué es tan interesante la Teoría de las ventanas rotas?

En primer lugar, esta teoría llegó en el momento adecuado y pudo demostrar su utilidad en un periodo relativamente corto de tiempo; esto es vital cuando hablamos de prevención criminal porque muchos sabéis que cuando se proponen políticas para luchar contra el crimen, no se suele invertir en propuestas que no puedan arrojar resultados positivos a corto plazo (lo cual, por cierto, es un grave error).

Antes os he dejado el link al artículo de la Wikipedia sobre la Teoría de las ventanas rotas en inglés, y lo he hecho intencionadamente porque me niego a compartir el artículo en español: en él se asegura que en el libro “Fixing broken windows“, Kelling y Coles hablan acerca de como contener y eliminar (!) el crimen. Esto es totalmente erróneo, ya que se habla de contener y reducir. Si sois criminólogos, muy probablemente os parezca una barbaridad encontrar en la misma frase “eliminar” y “criminalidad”. Esta es una teoría de prevención criminal y, como tal, con su aplicación se puede conseguir una reducción o, a todo caso, un desplazamiento de la actividad criminal (esto último puede resultar especialmente interesante en zonas con una alta concentración), pero en ningún caso sirve para eliminarlo o erradicarlo (a los políticos les encanta usar esas expresiones ¬¬).

Hay varios ejemplos de aplicación exitosa de esta teoría, y destacan los de la ciudad de Nueva York (EEUU). Merece la pena conocer el caso de William Bratton, al que se le encargó reducir el crimen en el metro de Nueva York durante los años 90; pero es que tuvo que acometer esta tarea basándose en información de conferencias y artículos de Kelling y Wilson (hasta el año 96 no estuvo disponible el libro “Fixing broken windows“). Después hablaré más sobre él.

A mi me gusta calificar esta teoría de detallista, porque nos incita a que nos fijemos en problemas que a priori son insignificantes, pero que pueden ir a más; por decirlo de alguna manera, nos ayuda a anticiparnos a problemas verdaderamente graves, a través de pequeñas muestras de que algo no va bien (como el vandalismo). Se centra en detalles que no llaman la atención por la problemática social que suponen, pero que, si se van “tolerando”, escalan hasta convertirse en problemas graves.

Me gusta especialmente esta teoría porque se fija en los problemas en un estadio temprano, en el que aún son acotables o más fáciles de resolver que cuando se deja pasar el tiempo. Algunos datos de ejemplo: en Nueva York, a finales de los 80, se estima que se producían 2.000 asesinatos y 600.000 delitos graves de promedio anual; solo en su red de metro tenían lugar unos 15.000 delitos graves al año. 

Estas cifras están relacionadas con el anteriormente mencionado William Bratton, y es que, para reducir la criminalidad, lo que hizo fue centrarse en las personas que provocaban los problemas más insignificantes (como entrar en el metro sin pagar). Este hecho sorprendió -e indignó- a muchos usuarios del metro, a los que les preocupaban (¡y con razón!) otros problemas más graves, como el riesgo de ser asaltados, atracados o asesinados en el suburbano. Afortunadamente, tras 27 meses de perseverancia, en los que se aplicaron pequeñas medidas de seguridad, se redujeron en más de un 50% todos los tipos de criminalidad del metro de Nueva York (incluida la más grave).

Tras ver el resultado, estas medidas se aplicaron en la superficie, en algunos barrios de la ciudad;  el propio Kelling llegó a participar en programas de prevención criminal de múltiples ciudades norteamericanas (se convirtió en criminólogo consultor a raíz del desarrollo de esta teoría, para que veáis si es importante o no darle al coco y animarse a publicar…).

Así pues, la Teoría de las ventanas rotas no solo tiene en cuenta lo insignificante para que no pueda convertirse en algo preocupante a través de una escalada, sino que también aplica las propias medidas de prevención de forma escalonada: se empieza por solucionar problemas pequeños y, poco a poco, se transita hacia la resolución de problemas cada vez más graves. Resulta curioso que, en muchos casos, al resolver problemas pequeños, se reduzca el número de problemas graves (como sucedió en el metro de Nueva York).

¿Porqué es importante diferenciarla de la denominada “tolerancia cero”?

La Teoría de tolerancia cero es una cosa y la Teoría de las ventanas rotas es otra; vamos, que NO son lo mismo. Tanto William Bratton como el propio Kelling desmintieron esta creencia, ya que muchas personas las empezaron a usar como sinónimos (especialmente en notas de prensa).

La tolerancia cero aboga más por la intervención que por la prevención, y por decirlo de alguna manera, es más agresiva. Un ejemplo de tolerancia cero es que estés tranquilamente en la calle sin hacer nada (sentado en un banco, por ejemplo) y que la policía te pregunte quién eres, qué haces ahí, dónde vives… es una situación invasiva y esto no es lo que promueve la Teoría de las ventanas rotas (Kelling expuso esta confusión con un ejemplo muy parecido).

La Teoría de tolerancia cero es la base de la política criminal de Rudolph Giulani, que precisamente la aplicó cuando fue alcalde de Nueva York. Él mismo ha mencionado muchas veces esta teoría junto a la de las ventanas rotas, y esto, sumado a la simplificación que se ha hecho en prensa, ha llevado a muchas personas a creer que ambas teorías son iguales.

La Teoría de las ventanas rotas aboga por una policía de proximidad, que conozca a las poblaciones de los barrios, sus vecinos, comerciantes, trabajadores… apuesta por que haya comunicación entre ellos, y rechaza el uso de una policía invasiva con la que nadie habla y a la que se tiene miedo sistemáticamente.

¡Y eso es todo! He condensado las ideas y ejemplos más importantes del podcast que grabé en 2018 sobre el tema, que si lo queréis escuchar, sigue disponible. Eso sí, os advierto que estaba bastante espesa (con migrañas) y encima se me cortó a la mitad, pero por suerte uní los dos trozos para poder subirlo en un solo audio 😛

¡Hasta la próxima entrada!

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