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Hay muchas personas que creen que cuando uno termina de estudiar en la universidad, el estudio como tal se termina para siempre; que encontrarán un trabajo (o no) y ya no tendrán que seguir “empollando”, y que mantendrán sus conocimientos y capacidades actualizadas, por alguna suerte de ciencia infusa. Error.

En el artículo de hoy me gustaría reflexionar sobre la necesidad del criminólogo de mantenerse activo, aunque sé que esto traspasa sobradamente nuestras fronteras gremiales.

Ilustro este artículo con un fotograma de la genial ‘Zorba el griego’, y con una frase que se cita en el libro (igualemente, muy recomendable).

mantenerse activo

Pues como dice Zorba “no hay otra salvación posible” para una Criminología que se nos está echando a perder de tanto que nos la guardamos, que la acción.

A lo largo de los últimos cinco años, he procurado mantenerme activa por motivos obvios (quería emprender), pero también porque vi la necesidad de empezar a aplicar cosas a la vida real, cosas que había estudiado (teoría) y que no sabía si se desarrollarían como yo creía o como había aprendido durante mis estudios universitarios. Esto último vino, ya no solo por la necesidad de llevar a la vida real lo que se saca de los libros y apuntes, sino porque necesitaba ganar experiencia.

Seguro que muchos de vosotros estáis familiarizados, o al menos habéis visto, que en los últimos años se ha puesto de moda eso de “regalar experiencias”. En muchas grandes superficies y librerías venden unos paquetes que incluyen todo tipo de itinerarios turísticos, visitas culturales, excursiones, catas gourmet, estancias en balnearios, y un largo etcétera. ¿Y esto porqué? Pues porque la gente lo que quiere es vivir la experiencia, no que se lo cuenten o ver como lo hacen otros. 

Este último aspecto me parece uno de los grandes males de nuestro tiempo: a la gente se le pasa la vida viendo lo que hacen otros o cómo lo hacen (desde Youtube, hasta las redes sociales, pasando por no parar de preguntar a la gente que hace “cosas”, que cómo lo hace). Quizá es algo que ha pasado siempre de un modo u otro, pero hoy hay tantos medios para exponer la vida o actividades a cualquiera con un poco de curiosidad y tiempo libre, que creo que esto se está yendo de madre…

No hay ningún secreto para mantenerse activo, y en este caso no importa lo que se haga o cómo se haga (evidentemente, hay que hacer las cosas bien, pero me refiero a que no es necesario perseguir el éxito nada más empezar) si lo que uno necesita es “coger carrerilla”, y no dejar que pasen los días, meses, y años, sin haber aprendido nada nuevo, haber vivido la Criminología, o haberla experimentado poniéndola en práctica.

Ya he comentado muchas veces que considero que el colectivo de criminólogos adolece de un gran inmovilismo. Mucha gente lo achaca a que no hay trabajo en el sector, pero eso no quiere decir que no haya nada que hacer, ¡todo lo contrario! Es precisamente este momento en el que más hay que esforzarse y mantenerse activo, porque lo más probable es que debido a esa falta de trabajo uno se paralice y la Criminología “que sabe”, se le vaya degradando. Soy de la opinión de que lo que no se practica a menudo no se mantiene, sino que se va perdiendo.

Ahora bien, ¿qué se puede hacer para mantener la Criminología activa? ¿Qué hacemos para no perder lo que hemos ganado? Todos los profesionales, y especialmente aquellos que pertenecen a un campo o ciencia que avanza rápidamente, no tienen más remedio que seguir estudiando, actualizando sus conocimientos, e incluso reciclarse (escogiendo, por ejemplo otra especialidad, o complementando sus estudios con otros más acordes al momento presente).

Pero ¿a qué ritmo avanza la Criminología? Es difícil responder a esta pregunta cuando los criminólogos españoles aún no han tenido la oportunidad de ejercer ‘en masa’ en el mercado laboral, se investiga lo justo (y prácticamente solo por parte de universidades), y no parece que nuestros conocimientos científico-técnicos se hayan agotado o desfasado del todo. Supongo que estamos de acuerdo si digo que las teorías positivistas han quedado para la Historia de la Criminología, y para conocer sus orígenes, pero la mayoría de teorías de corte sociológico, eclécticas, y muchas de las desarrolladas a lo largo del siglo XX, se pueden seguir usando, e incluso se siguen desarrollando (caso de algunas ramas como la Criminología Ambiental, la Criminología Verde, o la que ya se empieza a denominar como Criminología Informática).

Por tanto, vamos a suponer que la Criminología como ciencia avanza a un ritmo lo suficientemente pausado, como para que cualquier persona mínimamente interesada pueda seguirle el ritmo; quizá baste con leer uno o dos libros recientemente publicados, con estar apuntado a algún journal sobre noticias criminológicas internacionales y nacionales, y con leer uno o dos trabajos relevantes de investigación al año. Eh, ¡al año! No creo que eso sea muy difícil (sobretodo si se acorta el tiempo que se pasa en redes sociales viendo lo que hacen otros).

Tenemos la enorme ventaja de tener una ciencia con unos conocimientos bastante sólidos y estables a lo largo del tiempo, que ya nos está ofreciendo una buena base sobre la que leer/investigar/estudiar sin miedo a que en un futuro cercano se descubra que todo estaba equivocado y que nuestro tiempo no ha valido para nada (¿os imagináis esa situación? “¡Quetelet, tus leyes térmicas no valen para nada, era todo mentira, menudo tiempo me habría ahorrado si no te hubiera leído!”)

Para mantener la Criminología activa no podemos delegar simplemente en la lectura o el estudio -aunque son una buena forma de empezar-, porque no dejan de ser actividades teóricas, y pasivas comparadas con lo que voy a proponer a continuación: de nuevo, solo pasamos los ojos por un papel y, ¡sorpresa!, vemos lo que ha estado haciendo o pensando otro.

Leer y estudiar valen para mantener lo que ya tenemos y también para aprender cosas nuevas, pero si nos quedamos ahí, y no las aplicamos o experimentamos de ninguna manera, con el tiempo las iremos olvidando, y tendremos que dedicar cada vez más tiempo a repasarlo todo. Es una especie de circulo visioso, en el que uno se mete y piensa que avanza mucho porque devora manuales a la velocidad del rayo, pero memorizar las cosas no necesariamente implica que tengamos un conocimiento verdadero de ellas, ni que las sepamos integrar a nuestras vidas.

En definitiva, respecto a la utilidad de leer y estudiar para mantener nuestra Criminología activa, es un buen punto de partida, pero se puede ir mucho más allá, y se pueden hacer cosas más activas y más provechosas a la hora de aprender y mantener ese conocimiento para construir más lejos. Hablo por supuesto, de buscar aplicaciones prácticas de lo estudiado, o comprobar si es cierto (incluso dentro de nuestras limitaciones, hay muchas cosas que se pueden hacer para aproximarnos a esto).

Como antes he citado a Quetelet, voy a poner un ejemplo de lo que se puede considerar pasivo y activo, a la hora de integrar el conocimiento que nos legó a los criminólogos:

FASE PRIMARIA O PASIVA:

  • Me leo todo lo que encuentro de Quetelet y sus Leyes Térmicas (lectura)
  • Me hago resúmenes y esquemas de todo, y lo memorizo (estudio)
  • Busco investigaciones, trabajos y artículos de opinión de otros criminólogos sobre la obra y aportaciones de Quetelet (ampliación de conocimientos teóricos)

FASE SECUNDARIA O ACTIVA:

  • Ideo una metodología propia para aplicar las Leyes Térmicas a trabajos e investigaciones criminológicas (creatividad)
  • Diseño un método para aprender a detectar la influencia de las Leyes Térmicas en fenómenos criminales que pueda conocer (experimentación)
  • Elaboro un proyecto personal de investigación criminológica donde me vea obligado a tener en cuenta las Leyes Térmicas, para llegar a conclusiones (aplicación práctica)

Habrá quien piense que el último punto de la denominada Fase Secundaria o Activa, es de majaderos, pero es algo que yo hice a lo largo de un año (Proyecto Piracantas), y que sigo haciendo mediante el método de observación directa, en varias zonas de la ciudad. Esto me ayuda a saber aplicar un concepto teórico y a mejorar mi capacidad de usarlo para obtener resultados útiles en la vida real. Parece una tontería, pero las cosas se entienden a otro nivel cuando toca aplicarlas de verdad, cuando no se quedan solo en el libro o los apuntes.

Sugiero a continuación una serie de cosas que se pueden hacer para mantenerse activo como criminólogo -aunque no se trabaje en el sector-, que considero que son muy beneficiosas para no quedarnos paralizados ante un futuro incierto:

  • Leer a nuestros autores favoritos (y si no los tenemos, descubrirlos), sobre ramas de especialización criminológicas que nos interesen, o sobre las teorías que más nos apetezca saber aplicar.
  • Confeccionar apuntes y resúmenes de las ideas más importantes, ¡pero que sean prácticos! No hace falta memorizar nada si no nos vamos a examinar, lo que importa es que podamos volver a ellos si se nos olvidan las cosas, y repasarlas rápidamente.
  • Buscar bibliografía nueva sobre los temas que nos interesan: no quedarse con lo que viene en el manual o apuntes que tengamos; buscar información lo más reciente posible e incluso contactar con criminólogos que aborden ese tema.
  • Escribir: es un fantástico ejercicio para integrar conocimientos y ordenar ideas. No es necesario publicar nada pero se puede hacer si así se desea, y basta con ponerse unos sencillos ejercicios en los que uno expone su opinión sobre un tema y la fundamenta.
  • Hacer un simulacro de metodología propia: es decir, seleccionar una teoría o conocimiento propio de la Criminología, e imaginar que nos han encargado explicar cómo se puede aplicar a la vida real. Este es un ejercicio creativo, no hay que ser perfeccionista, ni se trata de “acertar” con una propuesta. Solo se trata de obligar a nuestro cerebro a crear algo de la nada, sin referencias.
  • Utilizar el método científico (hay varias fases), para comprobar una teoría. Esto no es fácil, pero de algunas se pueden conseguir indicios suficientes de su funcionalidad, ¡incluso desde nuestra casa! Yo lo hice con la teoría de las actividades rutinarias de Felson y Cohen, recopilando casos de agresores en los que era observable. Esto ayuda a detectar un conocimiento teórico cuando nos enfrentamos a un caso en la vida real, lo cual facilita a su vez explicarlo.
  • Diseñar un proyecto personal que implique utilizar una teoría o conocimiento criminológico concreto; ya he expuesto antes el ejemplo de las Leyes Térmicas de Quetelet. Aquí se trata de ser creativo, y de estrujarnos el cerebro un poco para que se nos ocurra cómo aplicar un conocimiento, al mismo tiempo que comprobamos si es posible, o si la metodología que usamos es la correcta. Se aprende mucho con este tipo de iniciativas y os aseguro que no os váis a arrepentir si lo probáis. Conviene documentarlo todo y revisar al cabo de un tiempo (con conocimientos nuevos adquiridos), para ver si lo podemos mejorar. Si os pasa que contínuamente comprobáis que podéis mejorar vuestros proyectos anteriores, ¡enhorabuena!, es signo de progreso; no lo toméis como que eran una castaña, sino sed conscientes de que ahora sois mejores criminólogos que antes. Superarse a uno mismo es otro de los objetivos de este tipo de proyectos.

 

Como véis, el hecho de no ejercer una profesión para la que se ha estudiado, no es motivo para no seguir aprendiendo, ni para dejar que “lo ganado se pierda”. Llevar la Criminología a la práctica y hacerla útil para la vida real, es un trabajo personal de cada uno de nosotros; aún cuando uno ejerce, es importante seguir estudiando, y haciendo algunas de las cosas que he comentado. Esta actitud marca la diferencia entre dos personas que tienen exactamente los mismos estudios, e incluso expedientes académicos similares. Una vez aprobado todo y egresado de la carrera, de nosotros depende seguir mejorando, o dejar que nuestros conocimientos se marchiten.

No conviene dormirse en los laureles, porque aunque el panorama actual de la Criminología española pueda parecernos muy negro, ninguno sabemos con total seguridad cuando van a empezar a disiparse los nubarrones. Más vale estar preparados y haber hecho cuanto estaba en nuestras manos para mantener nuestra Criminología activa, que observar con amargura los años que hemos dejado pasar por miedo al fracaso, miedo al qué dirán, o simplemente por “no saber”.

Gracias por leer; ¡espero haber aportado ideas a algún “maestro inactivo”!

Nos vemos en la próxima entrada.

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