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Buenos días.

Tenía muchas ganas de volver a apretar el botón ‘Escribir’ del panel de usuario de este blog, pero como rara vez escribo sin estar realmente inspirada, es algo que hago menos de lo que me gustaría.

He estado muy ocupada desde enero, que fue un mes especialmente frenético por todo lo que trajo:

  1. Se aprobaron dos colegios profesionales de criminólogos en España (Cataluña y Madrid) ¿Os acordáis de esta entrada donde os dije que sería increíble que eso sucediera en el mismo año? ¡Pues ha ocurrido en la misma semana!
  2. Empezó la temporada fuerte de trabajo en DACRIM: primero porque no sé qué ocurre entre los meses de enero y julio, que entra mucho trabajo de golpe (¿las navidades? xD), y segundo porque estuvimos colaborando en la puesta en marcha del Colegio Profesional de Criminólogos de Madrid, y eso nos hizo llevar un ritmo de locos todo el mes de enero (el 30 era la Asamblea Constituyente).
  3. Este año por fin nos hemos convertido en empresa (DACRIM, Investigación Criminológica S.L). Esto ha supuesto muchísimo trabajo extra, mucho papeleo, y muchos trámites que aún tenemos que cerrar. Y el año pasado ya nos convertimos en una marca comercial registrada en la Oficina Española de Patentes y Marcas (DACRIM, Desarrollo y Análisis Criminológico). Esto quiere decir que nuestro logo, colores distintivos, nombre, y lema, están registrados.

Antes de empezar con esta entrada, quiero avisar de que mi web http://www.crimiperito.es está caída en este momento. ¡Sí, señores, ha vuelto a pasar! Si bien hace dos años mi servidor tuvo un problema con la base de datos y todo se fue al garete (obligándome a hacer la web desde cero), la pesadilla se repite… parece que a las bases de datos tampoco les gustan los meses de enero. Como estoy tan liada, no tengo tiempo para rehacerla ahora mismo, pero espero poder ir construyendo una nueva en los próximos meses (y espero que esta sea más duradera).

Pero bueno, ya está bien de charla porque hoy quiero hablaros sobre los tipos de desapariciones, y en concreto, establecer una breve clasificación y varias explicaciones al respecto. Evidentemente, hablo de este tema desde la perspectiva de la Criminología, y en concreto, desde mi experiencia personal como profesional del sector.

Aquí un esquema de lo que voy a desarrollar (clic en la imagen para verla más grande):

grafico

En primer lugar nos encontramos con las Desapariciones voluntarias (aquellas donde la persona quiere ‘desaparecer’, y por ejemplo deja una nota a la familia y se marcha donde nadie pueda encontrarlo). Estas desapariciones pueden ser investigadas por un detective privado, pero no por un criminólogo (no existe delito).

Ahora bien, quisiera matizar que los criminólogos podemos aplicar nuestros conocimientos y método científico, al estudio e investigación criminológica de las desapariciones de etiología criminal. Esto implica estudiar el fenómeno de forma teórica por medio de entrevistas y/o encuestas, e intervenir de forma práctica al emitir informes criminológicos para casos concretos, solicitados por el cliente (normalmente un familiar de la víctima).

Las desapariciones de etiología criminal pertenecen al grupo de las desapariciones forzosas, que implican que la persona no quiere desaparecer voluntariamente, sino que sufre algún percance que es lo que genera su desaparición.

Las desapariciones forzosas pueden ser, por lo tanto, de dos tipos:

1 – De etiología accidental: Pongamos por ejemplo que una persona es víctima de un tsunami y no se la encuentra, o que una persona se marcha a hacer senderismo y se despeña en un lugar poco accesible. Este tipo de desapariciones son provocadas por un fenómeno natural o un accidente, sin la intervención directa (con dolo), de una tercera o terceras personas.

Profundicemos un poco más en eso del dolo (querer hacer algo y ser consciente de ello)… Imaginad que el señor Faustino (nombre ficticio) ha colocado una piedra en mitad de un camino para desviar a sus vacas por una bifurcación más fácilmente. Eustaquio (nombre ficticio) va haciendo running con gafas de sol, no se fija en la piedra y tropieza, con tan mala suerte que se cae por un terraplén y fallece, quedando oculto por unos arbustos. Permanece desaparecido 3 días hasta que los servicios de rescate dan por fin con su cuerpo.

En el caso de que se consiguiera descubrir la relación de la piedra de Faustino con el fallecimiento de Eustaquio, el primero podría ser acusado de imprudencia grave con resultado de muerte (homicidio imprudente), al haber colocado esa piedra en un camino transitado y no haber previsto que podría ser peligrosa para otras personas. Ahora bien, la intención de Faustino nunca fue matar a Eustaquio y no se podía imaginar que eso ocurriría, ya que no pretendía hacer daño a nadie colocando esa piedra. En este caso, no hay dolo, sino que se trata de un accidente (provocado, eso sí, por la acción imprudente de una tercera persona).

En cualquier caso, nos interesa la voluntad de Eustaquio, que no buscaba desaparecer de ninguna manera, sino que solo practicaba deporte y no pudo prever lo que le ocurriría para poder evitarlo.

2 – De etiología criminal: Son aquellas en las que una persona desaparece en contra de su voluntad, interviniendo para ello una tercera persona (o varias), que tiene una actitud dolosa (puede que desde un primer momento quiera hacer desaparecer a la víctima, o puede que a consecuencia de un homicidio, decida deshacerse del cuerpo para que el crimen no se descubra).

La persona desaparecida es secuestrada, o es víctima de un crimen y su agresor la ‘hace desaparecer’ bien porque se deshace del cuerpo, o bien porque la persona es trasladada a un lugar donde no se la localiza. Es el caso de las víctimas de homicidio a las que posteriormente se entierra para evitar su localización, o incluso de víctimas del tráfico de personas.

En este tipo de desapariciones pueden actuar:

  1. Agentes independientes: como los casos en los que solo actúa un agresor, o como mucho cuenta con un colaborador necesario, un cómplice, un encubridor, etc., pero no están organizados.
  2. Organizaciones criminales: como los casos en los que detrás de una desaparición existe un grupo criminal organizado, como puede ser un cártel, una mafia, un grupo terrorista, etc. Fijémonos en el ejemplo de las personas que son víctimas del tráfico de seres humanos con fines de explotación sexual.

A los criminólogos nos interesa especialmente el caso de las desapariciones de etiología criminal, en tanto en cuanto hay al menos una víctima, al menos una tercera persona que provoca la desaparición de manera dolosa (criminal), y uno o varios delitos.

Ahora bien, cuando hablamos de desapariciones en general, tenemos que tener en cuenta los tipos de víctima que podemos encontrar según el tipo de desaparición:

1 – En las desapariciones voluntarias: La víctima puede ser la persona que se marcha voluntariamente de su hogar o se desvincula de su núcleo familiar por los motivos que sean, pero generalmente, los seres queridos son los que sufren una victimación mayor cuando no entienden dichos motivos, y la situación les pilla por sorpresa.

No obstante, esto depende del caso, ya que la víctima principal puede ser la persona desaparecida, si por ejemplo está huyendo de una situación de abuso o maltrato por parte de su familia más cercana o personas con las que convive. En cualquier caso, esta situación sería compleja, puesto que la persona se marcha “voluntariamente”, muy entre comillas, ya que puede haber uno o varios delitos detrás de su fuga, que estén provocando una marcha que la víctima no desea, pero que no puede evitar.

También se presenta una situación compleja en el caso de personas captadas por una secta destructiva, o que se desplazan porque una persona les promete algo (caso de muchas mujeres que provienen de países en vías de desarrollo, a las que se ofrece venir a trabajar a Europa, cuando en realidad están siendo engañadas para ser explotadas sexualmente). En estos dos ejemplos encontramos de nuevo la participación de una organización criminal, y lo importante respecto a las víctimas, es que tienen mermada su voluntad o capacidad para discernir, o desconocen que están siendo engañadas, es decir, no desaparecen voluntariamente.

Como vemos, hay situaciones especiales, en las que la clasificación no es tan sencilla, porque detrás de una desaparición aparentemente voluntaria puede haber una desaparición de etiología criminal. Por ello es necesario un profesional, como el criminólogo, que conozca las diferentes etiologías de los casos de desaparición, y sea capaz de cruzar esos datos con un análisis de la situación personal del desaparecido.

2 – En las desapariciones forzosas (accidentales o criminales): La víctima principal o primaria es el desaparecido, especialmente si sigue vivo y retenido en contra de su voluntad y no puede volver a su hogar o pedir ayuda.

No obstante, no hay que olvidar que en estos casos, la familia y seres queridos del desaparecido son víctimas secundarias de todo lo ocurrido, en tanto en cuanto sufren por la pérdida de su ser querido, y su día a día es muy difícil al tener que vivir con la incertidumbre constante de no saber qué le ocurrió al desaparecido, dónde está, si aparecerá y cuándo, si seguirá vivo… Se trata de una situación muy estresante que a veces refuerza los lazos familiares (todos se unen más para apoyarse y buscar al desaparecido), pero a veces también genera nuevas tensiones entre miembros de la familia, o puede hacer que afloren o se agraven antiguos conflictos.

El término ‘victima secundaria’ no es despectivo, y en ningún caso resta importancia o gravedad al sufrimiento del que lo padece. Simplemente se denomina así a la persona o grupo de personas que sufren los ‘daños colaterales’ de un crimen (en este caso, una desaparición forzosa). Por ejemplo, si una persona mata a Lorena (nombre ficticio), su amiga Susana (nombre ficticio) puede sentirse muy triste e incluso padecer una depresión por la pérdida, a pesar de que ella no ha sufrido el homicidio de forma directa.

A modo de conclusión, me gustaría apuntar lo siguiente:

  1. Que lo primero es siempre denunciar ante las autoridades (Policía, Guardia Civil, o Policías autonómicas) nada más se tenga conocimiento o sospecha en un alto grado de que estamos ante un caso de desaparición. ¡No se deben esperar 24 horas, nunca! Esto es un mito televisivo, provocado sobretodo por películas y series americanas, y en ocasiones, por el desconocimiento de la gente. Las primeras 24-48 horas en un caso de desaparición resultan vitales para su investigación, y cuanto antes se denuncie, más probabilidades habrá de encontrar indicios y pruebas, y de esclarecer los hechos.
  2. Que es de vital importancia clasificar las desapariciones de forma correcta para poder acudir al profesional necesario en caso de necesitarlo (un criminólogo en casos de desaparición de etiología criminal, un detective privado en casos de desaparición voluntaria). Evidentemente se trata de un apoyo extra al trabajo que realizarán los encargados de la investigación oficial (FF.CC.SE), como quien contrata los servicios de un perito para completar o reforzar el trabajo de su abogado y así garantizar que ha hecho todo lo que estaba en su mano para obtener el resultado que buscaba.
  3. Que diferentes tipos de desaparición generan diferentes tipos de víctimas y de victimación, y que no se debe olvidar que los familiares del desaparecido también lo son (y en muchas ocasiones serán las únicas víctimas con las que tratemos).

 

Lo dejo por hoy, ¡que tengo mucho por hacer! Nos vemos en la siguiente entrada (y espero poder ir arreglando mi web poco a poco para que los archivos e información alojados en ella estén disponibles de nuevo pronto)

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