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Cuando voy andando por la ciudad, a menudo me gusta buscar ejemplos que me sirvan para ilustrar mis conocimientos de Criminología Ambiental, especialmente de CPTED, ya que es fácil encontrar muchos.

Como algunos ya sabéis, hace un par de años publiqué un libro sobre iluminación y criminalidad, un tema que me interesa mucho, y del que hacía tiempo que no encontraba algo tan curioso como lo que os comparto hoy.

 

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En la anterior fotografía podemos ver una escalera que une dos calles perpendiculares a diferente nivel (una de ellas pasa por debajo del puente, y la otra discurre sobre el mismo).

Curiosamente, estas escaleras han sido iluminadas, con dos tipos de farolas: la primera (A), que se encuentra al fondo, es la farola típica que se suele ver en Madrid pegada a fachadas, y que es de uso peatonal (también la encontramos en su versión clásica, sobre poste, para alumbrar las aceras). La segunda (B), en primer plano, es una farola que se suele usar para la iluminación de carreteras, y que en las zonas urbanas se usa conjuntamente con la otra (existen postes mixtos, con la ‘farola peatonal’ a menor altura, y la ‘farola de tráfico’ más arriba, de manera que se ilumina al mismo tiempo la carretera y la acera).

Ahora bien, lo curioso del asunto es la manera en que se ha colocado la farola B, ya que está levantada en un ángulo extraño que hace que el haz de luz no se aproveche del todo bien en las escaleras (además de provocar deslumbramiento):

IMAG03605.

He hecho una pequeña estimación de cómo podría proyectarse el ángulo de los haces de ambas farolas. En amarillo podéis ver el de la farola A (que es adecuado para este espacio), y en rojo, el de la farola B.

Vale, quizá no se vea muy bien en las escaleras por la noche en el tramo de la farola B, pero ¿qué otras consecuencias puede tener esto? Observad la siguiente foto de la farola B, tomada en la dirección opuesta:

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A veces un exceso de luz, en lugares donde no nos interesa que haya actividad (tanto en general como a determinadas horas), puede provocar efectos contrarios a los que perseguimos.

En el caso que nos ocupa, la colocación poco adecuada de la farola B, ha provocado un haz de luz dirigido a una zona que no nos interesa iluminar, pero que a algunos grafiteros les ha venido de perlas como ‘escaparate’.

Aunque en la fotografía no se aprecia, la zona de descampado junto a la escalera, tiene una pendiente importante, y junto al muro del edificio, hay una cornisa de tierra en la que apenas cabe una persona erguida. Sin duda no interesa que alguien pueda caminar por ahí, porque hay riesgo de caída, pero al ser una zona iluminada, ha llamado la atención de algunos individuos, y se ha convertido por ‘accidente’, en lugar de paso y  mural para pintadas.

Este es un buen ejemplo de como un exceso de luz en un lugar que no debería estar iluminado (o un haz mal dirigido), puede generar problemas adicionales.

Como apunte final, decir que soy partidaria de la integración del grafiti en la ciudad, y creo que hay puntos como este donde se podría permitir crear pequeñas obras de arte urbano que evitasen pintadas como la de la fotografía, alegrasen la vista, y contribuyesen a la estética de determinadas zonas, aparentemente sin interés.

Para terminar, y como no sé cuando volveré a actualizar, aprovecho para avisar de que estamos a dos semanas del que será el segundo curso impartido por el equipo de DACRIM, sobre informes criminológicos. Para esta edición 2017, hemos recopilado casos reales de diferente tipo, y hemos confeccionado un temario en el que se verán, entre otros, los informes de Criminología Ambiental.

Os dejo el link a la web, donde podéis informaros de todo y ver el temario completo.

¡Hasta la próxima entrada!

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