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El otro día estaba viendo un documental de gladiadores para matar el gusanillo mientras TVE termina de estrenar nuevos capítulos de Ingeniería Romana (muy recomendable, por cierto), cuando me vino la inspiración divina para explicar un concepto muy importante de CPTED (Crime Prevention Trough Environmental Design).

El caso es que se me ocurrió un símil un tanto descabellado para ilustrar de manera amena uno de los principios de esta serie de estrategias de prevención criminal, del que seguro que habéis oído hablar: la vigilancia natural.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver la vigilancia natural con los gladiadores? Pues seguid leyendo, que os lo voy a explicar enseguida…

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Como ya hemos visto, CPTED son las siglas en inglés de Crime Prevention Through Environmental Design, que en español se conoce como Prevención Criminal Mediante el Diseño Ambiental. Como el nombre es un tanto largo, de aquí en adelante aparecerá como CPTED.

Ahora bien, este conjunto de estrategias de prevención criminal, se basa en cuatro principios, como son la vigilancia natural, el control de accesos natural, el refuerzo territorial, y la gestión y mantenimiento.

Vamos al grano. Si os fijáis en la imagen que acompaña a este texto más arriba, veréis a cuatro de los gladiadores más comunes que se podían ver en los circos romanos. Había muchos tipos de gladiadores, y cada uno estaba especializado en un tipo de arma y/o defensa, que implicaba una estética diferente y un estilo de luchar distinto del resto de sus contrincantes. La idea de tener gladiadores especializados, era precisamente ofrecer un espectáculo variado, en el que el público pudiera tener a sus ‘favoritos’, y tener muchas más posibilidades en cuanto a combinaciones de combatientes.

Así, entre los secutores, los tracios, o los samnitas, encontramos a un gladiador que llama la atención porque es el único que no lleva casco, el reciario.

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El reciario (retiarius) se caracteriza por tener por arma principal un tridente (fascina) y como secundaria una red (rete). Es uno de los gladiadores más famosos porque es muy llamativo (lo habréis visto seguro en las películas de romanos), y parece que entre el público también triunfaban porque eran los únicos que luchaban a rostro descubierto, lo cual les daba una ventaja: ver y ser vistos.

¿Veis a donde quiero llegar? La vigilancia natural se basa principalmente en eso, en “ver y ser visto”, y es que, como dijo Jane Jacobs (The Death and Life of Great American Cities, 1961):

Hay que poner ojos en la calle

Para terminar con el tema del reciario y meternos con la CPTED, ¿para qué querría un gladiador ir sin casco? ¿qué ventajas tenía esto?

Bueno, pues además de tener mucha más visibilidad que el resto de gladiadores, también eran menos propensos a sufrir golpes de calor, por no hablar de la posibilidad de ser reconocido por potenciales patrocinadores o por damas de la nobleza que podían solicitar ‘sus servicios’ (aquí ya estamos hablando de cosas íntimas), lo cual daba acceso al gladiador a lujos que normalmente no se podía permitir (baños privados, estancias en palacios, comidas copiosas, compañías selectas, etc.)

En el caso de la vigilancia natural, no solo está presente como uno de los cuatro pilares de la CPTED, sino que también se utiliza como un concepto clave para entender los fundamentos de estas estrategias, y es que,

hay menos probabilidades de que tenga lugar la criminalidad contra las personas y contra la propiedad cuando hay personas en la calle.

Este principio funciona precisamente porque dichas personas están actuando sin darse cuenta como agentes de vigilancia pasiva (passive surveillance), porque con su mera presencia y actividad están generando un entorno en el que hay control social informal. Pueden ser testigos directos o indirectos de alguna fechoría, cosa que otorga seguridad al resto de personas, al mismo tiempo que disuade a potenciales agresores.

Y lo que es más, si se da una situación de etiología criminal o problemática desde el punto de vista de la seguridad personal, esas personas no solo tienen el papel de ser testigos, sino que pueden decidir intervenir de otras formas: parando una agresión o limitando su alcance en el tiempo (interrumpiéndola), y buscando ayuda externa (llamando a la policía o a otros testigos). Estas acciones llevan a una especie de reacción en cadena, puesto que a más testigos, más probabilidades hay de que alguien tome cartas en el asunto.

Por lo tanto, la idea de ser visto limita acciones disruptivas, al mismo tiempo que dota a las víctimas potenciales de una mayor seguridad (si alguien ve que me pasa algo llamará la atención de más gente, me ayudarán, o llamarán a las autoridades), mientras que la idea de ver convierte a la gente en ‘cámaras de vigilancia con patas’ que pueden decidir actuar en el momento, al mismo tiempo que nos ayuda a prevenir riesgos.

Ahora bien, hay dos limitaciones asociadas a la vigilancia natural:

  1. El que la gente decida actuar o no, es un aspecto educacional y cultural. Por ejemplo, es un problema que la gente mire para otro lado cuando a una mujer la someten a tocamientos no consentidos en la vía pública. Se debe educar a la gente para saber qué opciones tiene para actuar ante un hecho criminal o conflictivo, y se deben enfatizar las respuestas creativas cuando estamos ante un problema que nos supera. Por ejemplo (caso real), si una anciana ve desde su terraza como están atracando a alguien en la calle y no hay más testigos, puede gritar “¡fuego, fuego!” y eso hará asomarse a medio edificio a la calle.
  2. Los diseños, estructuras, y mantenimientos inadecuados del ambiente pueden impedir la vigilancia natural. Es lógico que para ver, es necesario tener un campo de visión y una visibilidad adecuados. Esto no quiere decir que las ciudades deban ser ‘campos de fútbol’, diáfanas, planas y sin obstáculos visuales, pero hay que hacer lo posible por encontrar aquellos puntos clave donde será más probable que ocurran hechos no deseables desde el punto de vista de la seguridad, y propiciar su vigilancia pasiva en la medida de lo posible.

En conclusión, la vigilancia natural es una estrategia de prevención multifactorial, ya que no solo depende de que se den unas condiciones ambientales X que permitan a la gente ver y ser vista, sino que también requiere que esas personas decidan actuar si la situación lo requiere, y dispongan de varias maneras para hacerlo. Así, podría decirse que la vigilancia natural no solo implica un buen diseño y mantenimiento, sino que también debe proveer a las personas de herramientas para prevenir potenciales riesgos y tener alternativas para actuar ante ellos.

Seguro que a partir de ahora, si os acordáis del reciario, os acordáis del concepto de vigilancia natural.

¡Hasta la próxima entrada!

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