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El otro día vi un documental sobre el fotógrafo americano Alfred Stieglitz (1864-1946), y quedé fascinada por sus aportaciones, al mismo tiempo que encontré ciertos paralelismos con la situación que vivimos actualmente los criminólogos.

Este señor dedicó toda su carrera a algo que hoy damos por hecho, pero que por aquél entonces (principios del siglo XX) no estaba para nada superado: que se considerase la fotografía como un arte, independiente de la pintura y la escultura, que era lo que imperaba en ese momento.

¿Y con qué respuesta se encontró Stieglitz? Como os podéis imaginar, muchos artistas (sobretodo pintores) vieron en la fotografía una amenaza. En palabras de Charles Baudelaire:

La fotografía se ha convertido en el refugio de todo aquél que querría ser pintor y no tiene talento, y es demasiado vago para completar sus estudios. Invadiendo el territorio del arte, la fotografía se ha convertido en el enemigo mortal del arte.

Y otra frase para ilustrar este rechazo inicial, que se atribuye a Joseph Phennell:

El fotógrafo ha descubierto una máquina que hace obras maestras por él, metiendo la cabeza en una caja negra, y dejando que la máquina lo haga todo.

Pese a todo, Stieglitz hizo de la lucha por la fotografía su modo de vida, y hoy, frases como las anteriormente citadas, se consideran un producto de la ignorancia de la época ante un invento -y un nuevo medio para el arte- que se estaba popularizando.

Esta situación de rechazo, y de personas que se ven amenazadas cuando surge otra profesión, me recuerda mucho al estado de la Criminología española, que por desgracia, aún no ha experimentado la aceptación y el reconocimiento de los que goza la fotografía hoy en día, pese a que ambas empezaron a desarrollarse prácticamente al mismo tiempo (fotografía química y Criminología aplicada).

La Criminología como ciencia, contrariamente a lo que algunas personas creen, no es nada nueva. Tiene más de un siglo de historia, solo que la continuidad de los estudios independientes en nuestro país, se ha visto truncada en numerosas ocasiones, hasta llegar a la Licenciatura (2003) y actual Grado. Que los estudios oficiales sean relativamente modernos, no quiere decir que la ciencia también lo sea; simplemente, no se ha sabido, o no se ha podido implantar antes.

Esto nos lleva a la situación actual, en la que, pese a tener estudios oficiales desde hace trece años, aún nadie ha contemplado la posibilidad de que se vayan a convertir en una profesión real, y de que pueda haber gente ejerciendo que necesita ser contemplada en la legislación actual de alguna manera. No quiero decir con esto que seamos “unos ilegales” y por tanto necesitemos ser regulados, pero sí necesitamos que se nos tenga en cuenta a la hora de llevar a cabo nuestras funciones.

Aunque no me voy a extender sobre todas ellas, sí quisiera poner el acento en dos muy concretas, y que son exclusivas del criminólogo:

  • La prevención criminal (en cualquiera de sus formas)
  • El estudio de la criminalidad como fenómeno (general o concreto)

Dado que el criminólogo no es un teólogo, ni un estudioso, sino que es un científico social (como un sociólogo… ¡saludos a todos ellos!), se entiende que hace sus estudios e investigaciones para darles una salida, para poner sus conocimientos en la práctica, o dicho de otro modo, para desarrollar una ciencia que sea útil a la sociedad.

Desarrollar teorías y estudios está muy bien, pero de poco o nada nos valen si se quedan en un cajón, solo sirven para dar conferencias, y no persiguen una utilidad o aplicación reales. Por eso el criminólogo debe saber ir de la teoría a la práctica por medio de otra de sus funciones:

  • Confeccionar informes criminológicos

Hay tal desconocimiento sobre lo que es esto, que no me voy a extender aquí porque sino me iría completamente de tema, pero a modo de aclaración, un informe criminológico, se hace solo desde el punto de vista de la Criminología, es decir, se aplican conocimientos que son independientes o exclusivos de esta ciencia, para trasladarlos a una aplicación práctica; esto puede ser, que un cliente te contrate para que emitas una pericial o dictamen, o que te contrate directamente como criminólogo, para que le ofrezcas un servicio que solo tu puedes darle (ejemplo real como la vida misma: la revisión completa de un caso archivado provisionalmente, con el fin de que emitas un informe criminológico en el que expones los motivos por los que deben practicarse nuevas diligencias).

El ejemplo que acabo de poner no es trabajo de un detective, ni de un abogado, ni de las FFCCSE, o de peritos expertos en otras materias. Todos ellos ya han aportado su grano de arena al caso, y en el momento del archivo, ya nadie se ocupa de él. Lo lógico es que si una persona no está conforme con lo que se ha hecho, tenga un profesional al que acudir para que revise su caso. Esto lo puede hacer perfectamente un criminólogo, y es que se está creando una nueva profesión, que además está encontrando su nicho de mercado. Un nicho, por cierto, en el que no se pisa el trabajo de otros profesionales (lo digo para los que se sienten amenazados, que sé que también me leéis).

Ahora bien, ¿cuáles son los problema que encontramos los criminólogos que ejercemos? Muchos y variopintos, pero aquí os dejo una muestra:

  • El desconocimiento sobre nuestra figura (confundidos constantemente con criminalístas, detectives privados, o peritos que han hecho un cursillo).
  • No se sabe en qué marco profesional clasificarnos, por lo que se simplifica el asunto llamándonos ‘investigadores privados’, lo que acrecienta la confusión respecto a si somos como los detectives privados (tampoco tenemos un epígrafe adecuado para darnos de alta en Hacienda).
  • Dado que los ‘investigadores privados’ en este país, deben tener un TIP (tarjeta de identificación profesional) que les da el Ministerio del Interior tras registrarse, se da por hecho que nosotros también lo necesitamos, pero…
  • No está contemplado que el criminólogo deba tener un TIP , porque nuestra figura no está reconocida en la actual Normativa de Seguridad Privada.
  • No tenemos opciones para opositar con nuestra titulación, dado que ni la Licenciatura ni el Grado están reconocidos para acceder a ningún puesto público (ni FFCCSE, ni prisiones, ni centros de menores…). Simplemente nos vale con cualquier licenciatura o grado, no se pide Criminología de forma específica para nada.
  •  Se desconocen nuestras funciones -incluso las más básicas como las que he citado arriba-, lo que genera confusión de cara a ser contratados por clientes, colaborar con otros profesionales, y ya no digo de cara a los legisladores, que como no saben lo que hacemos, ni siquiera tienen en cuenta que…
  • Nuestra colegiación no es obligatoria, pese a que trabajamos con exactamente el mismo material e información confidencial con la que trabajan abogados y procuradores.

Así podría seguir durante mucho rato, y esta entrada sería infumable, pero, en resumen: como la gente desconoce lo que es un criminólogo, y lo que hace o puede hacer, intentan simplificar su figura profesional como pueden.

A lo largo de la historia hay muchos ejemplos que nos muestran como cuando no se encuentra explicación a algo, se inventan todo tipo de excusas simplistas para entenderlo, lo cual es una reacción natural muy normal, porque nuestro cerebro es así; necesita explicaciones paras las cosas porque la incertidumbre generada necesita ser aplacada, y el ser humano a desarrollado todo tipo de estrategias enfocadas a resolver este tipo de ‘dudas existenciales’.

Dejando de lado las explicaciones neuronales, biológicas, o inherentes a nuestra naturaleza (lo nuevo y desconocido nos asusta), lo cierto es que el criminólogo que se lanza a ejercer en España, lo tiene que hacer sabiendo que está en una suerte de limbo en el que es un fantasma para el resto de la sociedad, empezando por los clientes, siguiendo por el resto de profesionales, y terminando con la distante figura del legislador (es normal que algunos nos tengan miedo; así dicho suena de lo más inquietante…).

Puede decirse que la Criminología se ha concebido durante casi un siglo como una ‘ciencia de salón’, de la que no había nada que temer porque nunca iba a llegar a nada más que a escribir libros y a desarrollar teorías (de las que curiosamente se aprovechan otros). No parecía concebida ni siquiera para tener unos estudios propios, y ya no digamos para ser una profesión real, libre e independiente… La Criminología, que hasta hace cuatro días era considerada como un animalillo manso y que despertaba simpatía, ha crecido hasta convertirse en una bestia imposible de domesticar; se le ha quedado grande a sus detractores, a la legislación actual, y por ende, al sistema de Justicia.

Supongo que siempre ha ocurrido así, que las ciencias en algún momento salen de las bibliotecas y las universidades al mundo real, y se dan cuenta de que han adelantado al sistema más de lo previsto, con lo que tienen que convivir con el resto de profesiones durante un tiempo indeterminado, antes de que se las reconozca o se las regule si es necesario.

Entonces, ¿necesita el criminólogo ser regulado? En mi opinión, lo único que puedo decir es que necesitamos que se actualice la concepción previa que se tiene de esta profesión, y se tenga en cuenta para aportar sus funciones a las necesidades sociales actuales, y las que están por venir.

Llevo ejerciendo como criminóloga casi tres años. Jamás he pisado el campo de otro profesional, ni he recibido queja alguna por parte de las FFCCSE, ni de clientes. Las únicas personas que han puesto problemas (por su desconocimiento), son abogados, peritos de dudosa cualificación profesional, y detectives que creen que les robamos el trabajo (repito, están en un error por desconocer lo que hacemos). Luego hay gente que opina que deberíamos tener un TIP, pero nuestras funciones no se parecen a las que se contemplan en la Normativa de Seguridad Privada, por lo que no veo razón para ello (no me imagino teniendo que sacarme un TIP para aportar un informe de prevención para una víctima, por ejemplo).

Si quieren regular esta profesión, primero tendrán que entenderla, y las funciones para nosotros están claras y delimitadas. Otra cosa es que en la práctica, algunas de esas funciones estén siendo realizadas por otros profesionales distintos al criminólogo, lo cual también ocurre.

Ciertamente, y mientras no se legisle teniendo en cuenta nuestra existencia, o se tengan en cuenta medidas conforme a nuestras funciones, los criminólogos ejerceremos en un vacío legal del que nadie se ha ocupado hasta ahora. El hecho de que la posibilidad de ejercer esta profesión de forma libre sea todavía residual, no es motivo para que no se reconozcan nuestros estudios para poder opositar, o que no se creen plazas específicas para criminólogos en cuerpos como el de funcionarios de Instituciones Pentenciarias, o entre el personal de los centros de menores. Tampoco da derecho a nadie a criticar nuestro trabajo desconociendo que estamos haciendo lo que otros hicieron en el pasado al empezar a buscar su hueco en un mercado laboral copado.

Tengo que señalar especialmente lo que ocurre en materia de Justicia, porque a muchos criminólogos nos parece, vulgarmente hablando, una “merienda de negros”. Todavía no llego a comprender cómo no se introduce a este profesional en este mundo cuando hace tanta falta, cuando hay tantos casos archivados, cuando hay tal carga de trabajo en la Administración, y cuando el criminólogo tiene la capacidad teórica y técnica, de asesorar en materia criminal como ningún otro profesional (siento decirlo así, pero es lo que me encuentro todos los días). Eso no quiere decir que vayamos a quitarle el trabajo a nadie, porque precisamente yo estoy hablando de lo que no se hace; hay una necesidad real y nuestro trabajo tiene una utilidad práctica que he podido comprobar a lo largo del tiempo que llevo ejerciendo (repito, para los asustadizos, que no he pisado el trabajo de nadie… pero tengo que luchar todos los días para evitar que pisen el mío).

Quiero creer que si en algún momento llamamos lo suficiente la atención sobre nuestra profesión, se tomarán medidas para incluirnos en todos aquellos campos donde podemos ejercer, y que se regulará la figura del criminólogo de cara a proyectos como el Estatuto de la Víctima (donde quedamos fuera), o programas de prevención criminal en cualquiera de sus formas. Estos son temas que, efectivamente, deben regularse para que se nos tenga en cuenta como a otros profesionales, con los que existen claros paralelismos a la hora de ejercer (abogados, psicólogos, sociólogos…).

Creo, por lo tanto, que la legislación actual debe actualizarse para tener en cuenta de una vez por todas a la Criminología, e incluir a los profesionales que la integran donde les corresponde conforme a sus funciones propias, pero que esto no puede hacerse sin entender sus funciones o lo que hacen en el ejercicio libre.

Para terminar, quiero citar una frase de un reciente artículo de Francisco Pérez Abellán, para Libertad Digital:

En España no se puede confiar una investigación criminal a detectives privados o criminólogos porque la exclusiva de estas acciones está reservada a la Policía o a la Guardia Civil.

Entiendo los motivos que ha querido exponer Don Francisco en su texto, y quisiera hacer un apunte en referencia a lo que he expuesto en este artículo: detective privado y criminólogo no están regulados de la misma manera en España. Es cierto que la investigación criminal está reservada a FFCCSE respecto a los detectives, pero los criminólogos podemos investigar desde el punto de vista de nuestra ciencia*, siempre y cuando la ley no establezca lo contrario. También quiero aclarar, que yo no investigo lo mismo que las FFCCSE, ni utilizo la misma metodología, con lo que estamos hablando de algo complementario, no de una intrusión u un obstáculo.

Es cierto, existe un vacío legal, pero como profesional que intenta salir adelante, no soy responsable de ello, y confío en que tarde o temprano, esta situación se aclare, aunque no me parecería bien que se nos clasificase de igual manera que a los detectives privados, dado que no realizamos el mismo tipo de investigación, y ese es un matiz muy a tener en cuenta.

¿Os acordáis de Alfred Stieglitz, con el que empezaba este artículo? Pues quiero terminarlo también con él, para que sepáis un poco más de su lucha por hacer de la fotografía un arte. Cito textualmente, que en la opinión de Stieglitz,

la vanguardia pictórica se encontraba tan pisoteada como la fotografía. Ésta era rechazada, ridiculizada y atacada por parte sobre todo de los pintores académicos, que veían en la cámara fotográfica una amenaza a su medio tradicional de vida. Y algo similar ocurría también con el cubismo y la abstracción europeas.

Los criminólogos de hoy en día, debemos acostumbrarnos a ese pisoteo, a ese rechazo, y muchas veces al desprecio, porque estamos molestando a personas que, debido a su ignorancia, nos ven como una amenaza. No nos acostumbremos a dejarnos llevar por los nervios, ni a perder la esperanza, ni a dejar de luchar por la ciencia que defendemos, y ojalá que todos veamos pronto a la Criminología como a la fotografía de hoy, de la que viven miles de personas en nuestro país, por la que se organizan concursos, muestras y exposiciones, y que es plenamente aceptada y digna de llamarse arte, gracias a adelantados a su tiempo como Stieglitz.

* Hablo de lo que se conoce como investigación en ciencias sociales, métodos mixto, cualitativo, cuantitativo, etc.

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