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Sois muchos los que ya conocéis a Jose Servera, criminólogo mallorquín autor del ya reseñado anteriormente por aquí, ‘Emprender en Criminología’, y creador de la plataforma digital ‘Criminología y Justicia‘.

Después de más de un año llevando a cabo un curioso a la par que interesante proyecto llamado AntiTrabajo, ha lanzado hace unos días su nuevo libro titulado ‘Nadie debería trabajar jamás’, para el cual he tenido la oportunidad de escribir el prólogo.

Hoy os traigo una mini entrevista que he decidido hacerle a Jose Servera para celebrar esta novedad editorial que creo puede interesar no solo a los criminólogos, sino también al público general. El libro en concreto ya se puede adquirir a través de Amazon.

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1. En primer lugar, ¿podrías desvelarnos algo más sobre ese título tan directo?

El título tiene como origen una frase del anarquista estadounidense Bob Black, quien en su obra “La abolición del trabajo”, un título también muy directo, afirmaba que el trabajo tal y como lo concebimos en Occidente es la fuente de muchos de nuestros males, visión con la que concuerdo bastante. Dado que la obra de Bob Black fue la que inspiró la idea de Antitrabajo, el mejor modo de rendirle homenaje era poniéndole ese título a la obra. Aunque personalmente no abogo por la supresión del trabajo ni me puedo definir como anarquista, sí creo que debemos hacer todo lo posible por destruir los cánones empresariales tradicionales, que siguen basándose en la ya clásica relación amo-esclavo.

2. A lo largo de 2015, muchos hemos seguido tu proyecto de AntiTrabajo, y leído muchas de tus publicaciones sobre conflictividad en la empresa y aspectos relacionados, ¿cómo describirías este campo? ¿crees que puede existir una Criminología Empresarial?

De lo que te das cuenta cuando te adentras en el ámbito de la conflictividad en la empresa es que es algo que se ha naturalizado tanto en las organizaciones que cuando surgen empresas que adoptan medidas pioneras para mejorar el ambiente laboral y evitar el conflicto, la gente no se las cree demasiado, e incluso las menosprecia diciendo que “eso no es trabajo”. Precisamente ese concepto de trabajo-martirio es lo que criticaba Bob Black, y es ese concepto el que creo que ha generado tantos males en las empresas. No se trata de ir al trabajo a pasárselo en grande, aunque hay más de uno que así lo siente, pero tampoco que se convierta en una penitencia que hemos de arrastrar toda nuestra vida.

Partiendo de que los conflictos en las empresas se perciben como algo normalizado y habitual, no me cabe ninguna duda de que se puede hablar de una Criminología Empresarial, desde el momento en el que muchas de las prácticas fraudulentas, conductas antisociales y la violencia en las empresas vienen como consecuencia de disfunciones estructurales dentro de las mismas.

3. A grandes rasgos, ¿porqué te decidiste por escribir sobre este tema?

Además de por la inspiración de “La abolición del trabajo” que comentaba, creo que desde hace ya algunos años he venido dándole vueltas al tema, y ya en “Emprender en Criminología” dedico algún capítulo a hablar del trabajo. Creo que principalmente a raíz de la crisis económica en España las relaciones laborales se han precarizado demasiado. Dado que mi incorporación al mundo laboral precisamente coincidió con el inicio de la crisis, supongo que tanto por experiencia personal como por la de otros compañeros cercanos, he podido observar situaciones en el trabajo que a mí me parecían inauditas. Recuerdo que en una de las empresas en las que trabajé prácticamente funcionaban a despido por semana, y no se daba tanto porque el empleado trabajara mal, sino en muchas ocasiones porque criticaba las decisiones del jefe. Algo que en una empresa con mayor noción de equipo se vería como algo positivo (las discrepancias deben servir para mejorar el funcionamiento de una organización) allí se convertía en una auténtica caza de brujas. Precisamente en un capítulo del libro hablo de la noción de despido como acto violento de una empresa, y creo que esta empresa era un buen ejemplo.

Sea como fuere, el hecho de que me haya pasado casi dos años con el monotema del riesgo de conflicto en la empresa y la violencia en el lugar de trabajo obedece precisamente a indagar de una forma más profunda qué se puede hacer para cambiar estas problemáticas, revisando multitud de papers académicos, y averiguar por qué motivos se aceptan como normales este tipo de situaciones en el seno de las organizaciones, más cuando cada vez vemos más ejemplos de que hay métodos alternativos de gestionar las empresas.

4. Por lo que he podido leer en ‘Nadie debería trabajar jamás’, este no solo es un libro que ahonda en la necesidad de incorporar nuevas estrategias para solucionar los problemas más comunes que surgen en las empresas, sino que también se habla mucho de innovación y mejora. ¿Podrías darnos algunas pinceladas sobre esto?

Sí, inevitablemente hablo bastante porque de lo que te das cuenta es que indirectamente la innovación en la empresa puede reducir significativamente los conflictos del personal. Por ejemplo, algo tan sencillo como permitir al empleado que trabaje uno o dos días a la semana desde casa puede hacer que mejore tanto su productividad como su actitud hacia la empresa. Una persona que por lo general se sienta respaldada y agradecida hacia su compañía, raramente llevará a cabo alguna clase de conducta antisocial o generará hostilidad en la organización. Así, cualquier mejora de tipo organizativo que facilite el trabajo del empleado sin duda alguna es capaz de reducir muchos de los problemas que puede tener una empresa con su comunidad de individuos.

5. Respecto a la última pregunta, y teniendo en cuenta no solo tu proyecto AntiTrabajo, sino otras experiencias personales que hayas podido tener en el ámbito profesional, ¿cómo ves la empresa española en el futuro inmediato? ¿y a largo plazo?

Creo que a día de hoy todavía estamos bastante lejos de parecernos ni que sea un poco a esas empresas idílicas en las que a todos nos gustaría trabajar. Todavía prima más la idea de empleado como esclavo en lugar de como persona, y existe ese acuerdo tácito de sometimiento cuasi religioso a los dictados de la empresa. Se sigue concibiendo que si un empresario le paga 1.000 euros al mes a un trabajador tiene derecho a someterlo a las condiciones que él considere, y a veces estas condiciones no tienen tanto que ver con aspectos productivos sino más bien a una mera cuestión de dominio sobre el empleado. De otro modo, no se entiende que todavía haya empresas donde sus empleados se pasen varias horas a la semana simplemente calentando silla.

En la parte contrapuesta, creo que las nuevas tecnologías han acelerado la fecha de caducidad de algunos modelos tradicionales de gestión de las empresas, y el boom emprendedor en España está posibilitando una visión de la empresa más jovial.

6. Muchas personas pensamos que problemas como el paro, la baja empleabilidad juvenil, la llamada fuga de cerebros, y las condiciones laborales que tenemos en España, tienen cierta relación con otros aspectos más conflictivos de nuestra sociedad. ¿Cómo crees que todo esto puede afectar a nuestro país, desde un punto de vista criminológico?

Desde el momento en el que el poseer o no un puesto de trabajo es un factor clave de exclusión social, no cabe la menor duda de que los efectos que ello puede tener en el plano criminológico son muchos y muy variados. Creo que uno de los problemas básicos de nuestra sociedad es que el lugar de trabajo se ha convertido casi en el único espacio de integración social existente debido al elevado número de horas que pasamos en él. De hecho, espacios comunitarios y integradores como son los casales de barrio y similares, a veces son vistos con una sombra de sospecha e incluso se criminalizan. Pero estoy convencido de que si se potenciaran estos espacios algunos de los problemas de delincuencia que tenemos en España se verían ostensiblemente reducidos. Pensemos en la criminalidad juvenil, y más concretamente en las bandas juveniles. Cuando nos adentramos en las historias de algunos de sus individuos, lo que vemos es que su ligazón a la banda obedece principalmente a dos factores: el apoyo que le han brindado, la oportunidad que le han dado de formar parte de él y el sentirse integrado y valorado en un grupo. Si bien no son los únicos detonantes de la integración de los jóvenes dentro de las bandas juveniles, lo que nos indican es que si desde los estamentos públicos se potencian los recursos económicos para generar espacios comunitarios y de cooperación colectiva, quizá el poseer o no un puesto de trabajo no se convierta en un aspecto tan crítico como lo es en la actualidad.

7. Para terminar, ¿podrías dedicarnos unas palabras acerca de lo que crees que como individuos, podemos ayudar a mejorar en el ámbito laboral que nos toca vivir?

Creo que hay una actitud con la que podríamos cambiar radicalmente el status quo empresarial: valentía. Y es que para que muchas prácticas reprobables dentro de las empresas dejen de llevarse a cabo hace falta que los empleados sean los primeros que se planten y se nieguen a seguir en esas condiciones. Pero también valentía por parte de los empresarios, que deben atreverse a hacer las cosas de una forma diferente a “Como se ha hecho de toda la vida”. Si queremos empresas donde convivir mejor y con ambientes laborales más adecuados, antes hay que empezar por derrocar aquellas que son la antítesis de este modelo.

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