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Como hoy es fiesta, aprovecho para escribir sobre algo que tenía pendiente desde un artículo de hace un par de semanas, titulado ‘Criminología en las investigaciones criminales‘. Pues bien, en la posdata de esa entrada, puse que los criminólogos también cometemos errores, y que escribiría sobre ello otro día porque el tema podía dar bastante de sí… ¡Pues ese día ha llegado!

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Es cierto que el título de esta entrada se puede matizar, y por ejemplo podría haber dicho que son errores que PODEMOS cometer los criminólogos o quizá sólo ALGUNOS de nosotros… pero también es verdad que nadie es perfecto, y que tarde o temprano se cae en alguna de las meteduras de pata que voy a comentar.

He estructurado la entrada como un listado para no irme mucho por las ramas, y seguramente me deje cosas, pero como todo en la vida es un proceso de aprendizaje, y yo no estoy exhenta de cometer errores, aquí van algunos con los que me he encontrado o me encuentro habitualmente:

1. Somos los mejores: En el libro de Jose Servera, ‘Emprender en Criminología’ (que podéis descargar gratuítamente a través de su blog), podéis leer el capítulo “Los criminólogos no somos seres mágicos del país feliz de la gominola de la calle de la piruleta“, que precisamente está dedicado a este error (que más que error casi podría calificarse de ‘síndrome’), y por algo será… Hay criminólogos que parece que confunden el hecho de tener una formación multidisciplinar con saber más que nadie de todo, lo cual no es cierto. Yo mas bien diría que sabemos un poco de todo, pero no somos más expertos que otros en sus campos de especialización, ni podemos pretender serlo. Así pues, cuidadito con esos humos, porque en nuestra variedad de conocimientos está también nuestra riqueza como profesionales, pero no hay que ir por la vida como si fuésemos más que otros por el simple hecho de tener una visión de conjunto en lo que a criminalidad se refiere.

2. Encontraremos todos vuestros fallos: Hay que recordar contínuamente que solemos “mirar la paja en el ojo ajeno, y no ver la viga en el nuestro”, porque si bien es cierto que a veces nos quejamos de cómo trabajan otros profesionales con los que tenemos que lidiar, y cuyo trabajo no siempre está a la altura de lo que esperamos, en este mundo hay gente para todo. Nadie puede asegurar al 100% que no cometerá un error en el futuro, pero lo que sí es seguro, es que todos vamos a acabar coincidiendo con alguien lo suficientemente inteligente, observador o astuto, como para encontrar un fallo en nuestro trabajo y señalarlo de la misma manera que hacemos nosotros con los demás. Nadie es infalible.

3. Nosotros controlamos: Confirarse y pensar que ya se tiene resuelta una cuestión de primeras, sin haber evaluado nuestro trabajo o habernos asegurado de todo al menos 2 veces, es un error muy habitual. A mi me gusta llamar a esto “la teoría del doble check”, porque si cuando haces algo lo compruebas 2 veces más, en ciertas ocasiones te das cuenta de que estabas equivocado. Eso no quiere decir que no podamos encontrar a la primera la respuesta a una cuestión, pero vamos a evitar muchas situaciones embarazosas si intentamos tirar abajo nuestros razonamientos o podemos pedirle a alguien de confianza que haga de ‘abogado del diablo’ con nuestro trabajo.

4. No somos CSI y nunca lo seremos: Y es cierto, los criminólogos no hacemos lo que se ve en CSI, pero tanto tiempo invertido en desmentir este tópico, quizá nos esté llevando a perder una energía muy valiosa que podríamos invertir en cosas que nos beneficien más. A lo mejor resolver este entuerto no pasa por negar que somos criminalístas, sino por afirmar que somos criminólogos. Si todo el tiempo y el esfuerzo invertidos en pelearnos con el mundo para que dejen de confundirnos con los del CSI, los empleásemos en posicionar en Google buena información acerca de la Criminología, quizá dentro de unos años no tengamos este problema.

5. Nuestros Colegios Profesionales nos salvarán: Pensar que la aparición de un Colegio Profesional de Criminólogos es algo así como la llegada del mesías es otro de los errores más comunes. En primer lugar porque somos un colectivo que lleva muchos años reclamando los colegios, pero que a nivel particular parece no tener muy claro que la colegiación no nos va a salvar del paro ni va a servir para que la profesión se desarrolle automáticamente. Estamos atribuyendo funciones a los colegios como si todo dependiese de ellos, pero la realidad es que la Criminología no se desarrollará ni se implantará como profesión viable en nuestro país si los propios criminólogos no dan el primer paso. Un colegio profesional sirve para REGULAR una profesión, pero si no existe, ¿qué van a hacer entonces? Necesitamos adelantarnos a la creación de los colegios profesionales para que cuando estén activos nos ayuden, y dejar de esperar a que lleguen para hacernos el trabajo.

6. Todos somos buena gente: Decía Miguel de Cervantes que “en todas partes cuecen habas”, y si me permitís matizar esta frase, os diré que además “hay sitios donde cuecen judiones de la Granja de San Ildefonso”… El hecho de ser criminólogo no transforma a las personas mezquinas en seres benévolos, amables y justos con los demás. Tampoco creo que convierta a la gente en general, en mejores personas (eso ya es una decisión personal), por lo que conviene recordar -de nuevo- que hay gente para todo y que compartir una profesión o formación con alguien no lo convierte automáticamente en un compañero de confianza.

7. No nos vamos a conformar: No puedo explicar en un párrafo todas las teorías criminológicas que se ven a lo largo de la carrera, pero lo cierto es que a muchos nos influyen y nos inspiran aún años después de haberlas estudiado. Por desgracia, hay personas que toman como referencia de lo que debe ser nuestra Criminología actual, lo que han leído en los libros, y ya no son capaces de desarrollar algo nuevo.Para poner un ejemplo más concreto, puede que a todos nos encante lo que hacía Alexandre Lacassagne (ya os digo que soy fan de este hombre, ¡tengo hasta frases suyas enmarcadas!); a todos nos encantaría dedicarnos a teorizar, fundar una revista y una escuela de Criminología y vivir del cuento criminológico, pero considero que hoy en día necesitamos llevar a la práctica esta ciencia y darle utilidad a lo que sabemos. No deja de sorprenderme la actitud de algunos criminólogos que no se conforman con ejercer como tales (con las pocas posibilidades que hay para ello), sino que quieren ser poco menos que Lacassagne y salvar el mundo; para ellos hacer periciales o informes criminológicos son minucias, tener proyectos personales es una pérdida de tiempo, y publicar artículos sin cobrar es un robo. Desde aquí les deseo lo mejor a esos criminólogos que no se conforman con ser criminólogos, y ojalá que volvamos a tener un Lacassagne (aunque yo soy favoritista, lo reconozco: siempre me quedaré con el original).

8. Nos han tangado: Por suerte, cada vez encuentro menos gente que se queja de que la carrera que ‘le vendieron’ es una estafa porque ‘no vale para nada’. Es algo que se ha dado mucho a raíz de la desaparición de muchos títulos propios, pero que en realidad ha seguido ocurriendo con la llegada de la licenciatura (de los grados no puedo hablar porque no conozco casos). Pensar que ‘nos han vendido la moto’ para que hagamos esta carrera y que en realidad es una estafa porque sólo querían nuestro dinero, es una de las mejores escusas que los criminólogos generan para auto-tranquilizarse: “no me he equivocado yo, han sido las universidades, que en su maquiavélico plan por adueñarse del mundo y de las mentes inocentes como la mía, me han engañado para que me saque una carrera y luego me han dejado desamparado”. A lo anterior sólo puedo decir que creo que cada persona encuentra el valor de las cosas a su manera, y a su momento. Esperar salir de Criminología y ‘triunfar como la Coca-cola’ sólo es posible cuando hay un trabajo contínuo detrás, y personalmente, conozco muy pocos casos de universitarios que, además de estudiar, se esfuercen más todavía para labrarse el futuro que no les va a dar el título. Sólo nosotros podemos darle sentido a nuestras decisiones, pero para eso lo primero es responsabilizarse de ellas.

9. Somos la objetividad personificada: No sólo los criminólogos, sino muchos otros profesionales deben ser objetivos en sus trabajos, o al menos lo máximo posible. En este caso, parece que muchas personas sacan de contexto la formación multidisciplinar y la confunden con que uno sale de la carrera siendo objetivo para siempre, y siendo poseedor de verdades que nadie más conoce. Todas las personas tenemos debilidades, ideas preconcebidas e ideales, que bajo ningún concepto puede eliminar la Criminología. Quizá la carrera nos ayude a atenuar algunas de estas ‘manías’, pero eso, como he comentado antes, es una elección personal.

10. Nuestro reino por atención: A veces es mejor no decir nada que decir una tontería sólo para ganar un poco de atención. En este caso hablo de la atención mediática, porque muchos criminólogos piensan que si saliéramos más en la tele, todo el mundo nos conocería y entonces todos tendríamos los trabajos que merecemos. Lo cierto es que muchas de las personas que salen en la tele o en la prensa sobre el rótulo de ‘Criminólogo’, no lo son, pero es que aunque lo fueran, hay que tener en cuenta la imagen del colectivo que queremos dar. Dicen que incluso la mala publicidad es publicidad, pero no creo que ningún criminólogo quiera ser conocido como una especie de ‘pitoniso’, que lo mismo adivina dónde están las personas desaparecidas, que resuelve un crimen analizando titulares de prensa, o elabora un perfil criminal en base a lo que dicen en Tele5. Es mejor ser desconocido y respetado, que muy conocido y considerado un profesional de tres al cuarto.

¡Y hasta aquí la entrada de hoy! Feliz puente a los que os habéis ido fuera o aprovecháis estos días para descansar 😉

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