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Este mes estoy muy liada ultimando mi parte para un informe criminológico del equipo de Dacrim, y es por eso que tengo el blog y las publicaciones para otras plataformas algo aparcados.

No obstante, cada día que pasa, la Criminología cobra nuevas dimensiones para mí, por todo lo que estoy viendo y por todo lo que estoy aprendiendo gracias al caso actual. Si bien han sido muchas horas de romperse la cabeza y de intentar procesar muchísimos datos, me quedo con lo que considero más importante, desde mi humilde punto de vista: Que la Criminología lleva a otro nivel las investigaciones criminales.

Hoy quiero compartir este breve artículo de opinión con vosotros, porque a falta de poder transmitir todo lo que estoy descubriendo últimamente, tanto de Criminología en sí, como de mí como profesional, qué mejor que obsequiar a quien quiera, con unos minutos de reflexión 😉

Que todavía haya personas que piensen que los criminólogos ‘pisamos’ sus ámbitos profesionales o no tenemos funciones propias específicas, no hace sino demostrar la poca información que sigue habiendo acerca de nuestra profesión.

Yo no sé lo que hace otra gente, pero el trabajo que estoy haciendo estos días para incluir en un informe criminológico de Dacrim no lo puede hacer un psicólogo, ni un abogado, ni un forense, ni un psiquiatra, y ni siquiera un policía u otro tipo de perito… Esto lo digo porque de todas las personas que han participado en la investigación del caso (que son muchas), no he sido capaz de encontrar a ninguna con el nivel de profesionalidad que yo esperaba. Sé que puede sonar duro, pero lo cierto es que algunos de los trabajos realizados por estas personas me han dado más trabajo que si no lo hubiesen hecho, o lo que es lo mismo: su labor no facilita el esclarecimiento de los hechos de una manera científica ni objetiva.

Por desgracia, muchos de estos profesionales no han hecho bien la parte que les correspondía, y por eso mis compañeros y yo nos enfrentamos a 12 tomos de sumario llenos de errores, de opiniones en lugar de razonamientos, y de una subjetividad, que por momentos resulta demasiado evidente.

La poca ciencia que he podido encontrar en esos 12 tomos, es la que aporta la Criminalística, y hasta con ella se han cometido errores, ya que se han ignorado indicios de vital importancia (huellas no reseñadas, zonas donde ni siquiera se intentan revelar…), por no decir que algunas personas de la policía científica han aplicado las técnicas cómo y dónde les ha parecido, al mismo tiempo que han modificado el lugar de los hechos moviendo objetos o ‘interactuando’ con el mobiliario.

La Criminología que yo estoy haciendo estos días, pasa por comprobar todo lo que no se comprobó, por hablar con la gente personalmente, por confirmar lo que nadie se ha preocupado en confirmar, y por tratar a las víctimas y acusados como las personas que son, sin juzgar y sin opinar sobre lo que han hecho o han dejado de hacer.
La lectura de tantos folios, en los que se plasma el trabajo de abogados, peritos, psiquiatras, psicólogos, médicos forenses y policía científica, resulta desoladora porque realizan un trabajo completamente mecanizado, que no profundiza en los por qués ni en la motivación y forma de ser de las personas.

No puedo enumerar todas las fases por las que he pasado mientras realizaba mi trabajo, pero sí puedo intentar describir un estado que se alcanza muy poco a poco y tras muchas horas, en el que las piezas del puzzle empiezan a encajar:

  • Al principio, cuando le das una primera lectura a los tomos, se te ocurren las mismas ideas que a muchos de los demás profesionales que han participado en la investigación, y crees que hay un buen nivel profesional.
  • Más tarde empiezas a ver incongruencias, faltas de rigor y objetividad, y decides que harás las cosas de otra forma porque los informes son mejorables.
  • Según avanzas, llega un momento en que crees que tendrás que rehacer el trabajo de todo el mundo, ¡porque nada se sustenta! (y para más inri, lo poco que está realmente bien fundamentado, pasa desapercibido).

Llegados a este punto, es cuando las cosas empiezan a encajar. ¡Pero cuidado! porque este momento es fugaz: si no mantienes la cabeza fría y dejas que la cantidad de detalles a tener en cuenta te supere, puedes caer un bucle y volver de nuevo a donde estabas al principio (efecto que se refuerza por influencia de las opiniones del resto de profesionales).

Si por el contrario, llegas hasta aquí con determinación y encaras los retos con paciencia, empiezas a hilar más fino, con lo que surgen nuevas hipótesis sobre lo que ocurrió, que casualmente, coinciden con algunos de los detalles e indicios ignorados por el resto de profesionales.

Hay por lo tanto, varias cosas que diría que son fundamentales para poder alcanzar este estado en el que de repente (porque es así como puede darse), eres capaz de ver más allá de lo que hay redactado en los tomos:

  • Hablar con las personas: Por increíble que parezca, algunos testigos no le dicen todo lo que saben a la policía, y no estoy hablando de ocultar cosas deliberadamente, sino de que simplemente omiten detalles que pueden ser muy importantes porque nadie les ha preguntado. Sin más. Realizar las preguntas correctas en el momento adecuado y en una atmósfera que genere confianza es muy importante.
  • Ser muy organizado: Sobra decir que hay que llevar apuntes, tener cuidado de no mezclar papeles, etc., pero a lo que voy es al hecho de que hay que tener las ideas organizadas en nuestra cabeza, y no perder la objetividad bajo ningún concepto. Es cierto que existe la intuición, pero mucho cuidado con dejarse llevar por ella, porque aquí todo debe estar fundamentado, comprobado y vuelto a comprobar por si acaso… Una corazonada sólo tiene utilidad si nos lleva hacia pruebas fehacientes.
  • No son víctimas e imputados, ¡son gente como tu y como yo!: Aunque al principio conviene tomar una posición distante o más impersonal, al final ‘la cabra tira al monte’, es decir, el criminólogo tiende a fijarse especialmente en dos objetos de estudio que le atañen, que en este caso concreto son el criminal y la víctima. Aquí es donde entran a escena el iter críminis y el iter victimae, y un estudio detallado de los mismos nos permite conocer la forma en las personas que han intervenido de alguna manera en el hecho criminal, han llegado a donde han llegado. También en este momento es cuando uno empieza a ‘conocer’ a los implicados de una manera que no siempre permite el sumario; más que nada porque, como he comentado antes, muchos de los profesionales participantes en la investigación realizan su trabajo de manera totalmente mecánica, aplicando la teoría sin ‘meterse’ realmente en el caso para adaptar lo que conocen a una situación y unas personas que son únicas.

Bueno, lo que iba a ser un breve artículo de opinión me parece que ya no es tan breve, pero en cualquier caso quiero recalcar que los criminólogos aportamos al sumario la ciencia que le falta en muchas ocasiones, además de personificar al delincuente y a la víctima, ya que sin conocerles hasta cierto punto no se pueden adaptar las técnicas científicas y el sentido común a la situación específica en que se han visto envueltos. Cada caso es único y cada persona es un mundo, por lo que las investigaciones criminales no se deberían mecanizar.

Sobra decir que un criminólogo también puede aplicar a sus informes conocimientos de Victimología y de Criminalística, por lo que el resultado final ofrece una visión de conjunto que en la práctica, todavía no he visto a ningún otro profesional ofrecerle a un jurado popular. Con esto no quiero decir que nuestro trabajo sea mejor que el de otros, sino a que es complementario y muy necesario para entender los por qués a los que no pueden responder otro tipo de informes más específicos.

Habiendo visto todas las partes que forman una investigación criminal, y tratando de ser objetiva (¡faltaría más!), creo que no sobra ninguna de ellas, pero la forma en que se han realizado muchas es preocupante porque se pierde la objetividad, los informes se intentan adaptar demasiado a las opiniones y, bien se meten teorías con calzador, bien se obvian otras que sí son relevantes para el caso concreto.

Sea como sea, creo que los criminólogos aportamos una visión de conjunto que además comprende puntos de vista específicamente criminológicos que no puede aportar nadie más (igual que yo no puedo emitir un informe psicológico porque ese no es mi campo). Estoy segura de que algunos de los errores de la investigación que he comentado al principio, también han sido observados por otros profesionales, pero el caso es que ninguno de ellos lo ha hecho constar en su informe, y conviene recordar que se puede realizar una mala praxis tanto por acción como por omisión.

Supongo que por eso mucha gente sigue pensando que los criminólogos les ‘pisamos’ sus competencias o sus campos de actuación: porque nuestra labor no puede ni debe hacerse sin objetividad y eso pasa por señalar muchos errores ajenos.

Cuando vayamos a juicio para ratificar este informe, sé que muchas orejas se pondrán coloradas… no sé si por vergüenza o por rabia, pero el caso es que creo que algo está fallando si es necesario que venga a rehacer gran parte de una investigación, un profesional que según mucha gente no tiene competencias propias al ser su ciencia multidisciplinar (nada más lejos de la realidad).

Quizá los criminólogos no hayamos hecho sino confirmar que tenemos un gran filón para salir adelante como profesionales llevando nuestros informes a los tribunales.

PD: Evidentemente, nosotros también cometemos errores… pero de eso hablaré otro día, porque también es un tema que da para escribir largo y tendido.

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