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Buenos días.

Hace tiempo que observo la cantidad de visitas que recibe el post “Ejemplo de informe pericial criminalístico” (¡ya van casi 2.000 visitas sólo en lo que va de año!).

Algunas personas -especialmente de latinoamérica-, me han planteado por e-mail ciertas cuestiones sobre el informe (especialmente referentes a las fotografías), porque al parecer llama la atención que contenga tantas imágenes.

Hasta donde yo sé, no hay una manera X de hacer un informe pericial criminalístico que sea perfecta, o por decirlo de otra forma, parece no existir un estándar que cubra todas las necesidades del cliente, el juez/tribunal o incluso el propio perito. No obstante, hay varias cosas que yo considero elementales en un informe de este tipo, y son la claridad y la información visual.

El dicho ‘una imagen vale más que mil palabras‘ cobra una nueva dimensión en estos informes, porque hay que tener en cuenta a la persona que los va a valorar (que no necesariamente tiene conocimientos cientifico-técnicos sobre la materia en cuestión), y al menos en el caso de la justicia española, a mi me gusta facilitar el trabajo al que lee, haciendo el informe lo más ameno y directo posible, principalmente por la carga de trabajo que tiene el personal que trabaja en Justicia y por lo colapsada que se encuentra.

Por eso mis informes no tienen 400 páginas (¡ni las van a tener!), ni se basan en parrafadas en las que uno se pierde entre nomenclatura y vocabulario técnico. Está bien emplear un vocabulario formal y llamar a las cosas por su nombre, por supuesto, pero no me gusta abusar del texto y restarle protagonismo a lo que puede explicarse con imágenes, ya que es ese tipo de información el que puede valorar cualquiera si la fotografía o fotografías muestran lo correcto.

Por otro lado, un informe se basa en pruebas, y las pruebas no se pueden explicar en texto. Distina cosa es que se quiera exponer una breve descripción de un proceso o del material que se ha empleado para obtener X resultado.

En el caso del informe de ejemplo, es una práctica que realicé en los laboratorios de Criminalística de la Fundación San Pablo CEU, con material técnico cedido por la Guardia Civil, y que consistía en averiguar si el papel moneda era falso o contaba con las medidas de seguridad que llevan los mismos billetes originales.

Cada caso será diferente y por lo tanto, cada informe necesitará de unas fotografías u otras, a veces más y a veces menos, unas veces con macro y otras al microscopio, etc.

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