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Empiezo la semana con la primera entrada práctica de la serie ‘Hacer lobby en Criminología‘, ya que parece que hay bastantes personas interesadas en el tema 🙂

Los consejos y la información que expondré a lo largo de la serie están basados íntegramente en experiencias personales, y evidentemente, me puedo equivocar, por lo que agradecería que dejáseis un comentario en la entrada si tenéis alguna sugerencia. Intentaré ilustrar cada entrada con casos práctivos o lo que se me ocurra, para que no se hagan excesivamente pesadas de leer.

lobby1Bueno, imaginad que estáis un poco aburridos o por el contrario, estáis inspiradísimos, y decís, “¡voy a hacer lobby!”. ¿Por dónde empezar?

Cómo dice el título de la entrada, es recomendable trazar un plan de acción.

Yo lo que hago es coger un folio y establecer los siguientes tres apartados, que son los que van a formar mi plan: Meta, objetivos y aliados.

– La meta es… bueno, la misma palabra lo dice, ¿no? A dónde quiero llegar o qué quiero conseguir. El fin perseguido con la acción de lobby.

– Los objetivos son muy importantes y hay que asegurarse de definirlos muy bien, porque son el camino hacia la meta. Si se establecen mal o no se investiga lo suficiente acerca de ellos, esos mismos objetivos nos van a impedir avanzar (luego pondré un ejemplo).

– Los aliados son casi tan importantes como los objetivos, pero no necesariamente los hay. Las acciones de lobby más sencillas, son aquellas donde podemos contar con aliados para llegar a nuestros objetivos.

Vamos con un ejemplo práctico (en cursiva de ahora en adelante) que me permita explicar mejor algunos aspectos de la definición del plan de acción, porque lo importante no es conseguir algo grandioso, sino algo que sea realizable.

En base a lo anterior, podría decirse que la primera regla para establecer un buen plan de acción es olvidarse de lo peces gordísimos; llegar al Presidente del Gobierno es una tarea titánica, por lo que es mejor empezar desde abajo.

Imaginemos que quiero conseguir que una persona X, conozca a los criminólogos, se percate de nuestro problema y le llegue el mensaje de que necesitamos apoyos.

Ya tenemos una meta, que es bastante sencilla porque no pedimos la luna: sólo intentamos transmitir información a una persona que consideramos relevante para nuestro colectivo.

Para establecer la meta, evidentemente hay que seleccionar a una persona en concreto, así que para el ejemplo voy a usar a Angel Yuste Castillejo, actual Secretario General de Instituciones Penitenciarias (que por cierto, es diplomado en Criminología por la Universidad Complutense de Madrid).

Una cosa importante para lograr la meta es… ¡no tocarla! Sí, la meta es intocable: se establece y se deja aparcada, porque normalmente es gente de peso que está muy ocupada y recibe miles de quejas y peticiones, por lo que no podemos esperar que la nuestra destaque así como así. Para llegar a la meta necesitamos centrarnos primero en los objetivos.

Ahora dejamos tranquilo al señor Yuste, no sin antes haber recopilado cierta información sobre él. Yo suelo rellenar, en el folio que he comentado al principio, donde establezco el plan de acción, lo siguiente de cada una de las personas que forman parte de él:

– Nombre completo

– Tratamiento (os recomiendo consultar un documento de tratamientos oficiales de autoridades como este)

– Datos relacionados con Criminología: Aquí meto de todo, desde una formación universitaria relacionada, hasta declaraciones que ha hecho en los medios, pasando por libros o artículos que haya publicado… Todo lo que podamos usar en nuestro favor en una carta.

– Dirección postal completa

Ahora viene la parte más complicada y delicada del plan, que es establecer unos buenos objetivos, y con buenos objetivos me refiero a personas que estén por debajo o a la misma altura de la persona-meta, a los que se pueda acceder más fácilmente.

Como el señor Yuste es Secretario General de Instituciones Penitenciarias, primero suelo investigar en organigramas. Conviene saber qué personas tiene por encima y por debajo nuestra persona-meta, así que aquí os dejo los tres organigramas que más creo que podemos usar para hacer lobby en Criminología:

Organigrama del Ministerio del Interior

Organigrama del Ministerio de Educación

Organigrama del Ministerio de Justicia

Como véis, cada web tiene un formato diferente, por lo que hay mejores y peores organigramas (a mi el de Educación me parece un poco cutre, la verdad… por suerte aquí hay uno mejor).

Para la segunda parte del plan de acción tiene que quedarnos claro (al menos en líneas generales) quién depende de quién, porque eso es lo que nos va a permitir establecer unos objetivos realistas y eficientes para llegar a la meta.

En el Título IV de la Constitución Española y la Ley 50/1997 de 27 de noviembre (Ley del Gobierno), regulan el Gobierno y la Administración, pero para resumir un poco, he hecho este esquema (¡y luego me quejo del organigrama del Ministerio de Educación!):

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Básicamente, en un Ministerio hay Secretarías de Estado y Subsecretarías, aunque también puede haber Consejos Superiores. No obstante, esta jerarquía puede variar en algunos detalles, por lo que lo mejor es consultar la web del Ministerio que nos interese.

Como el señor Yuste es Secretario General de Instituciones Penitenciarias, eso quiere decir que está al cargo de una Secretaría General, por lo que a la fuerza tiene que tener gente por debajo, en este caso Subdirectores Generales, y esos son los objetivos en los que podemos centrarnos.

Los organismos que dependen directamente del señor Yuste son (atención): la Subdirección General de Penas y Medidas Alternativas, la Subdirección General de Relaciones Institucionales y Coordinación Territorial, la Subdirección General de Inspección Penitenciaria, la Subdirección General de Tratamiento y Gestión Penitenciaria, la Subdirección General de Coordinación de Sanidad Penitenciaria, la Subdirección General de Recursos Humanos y la Subdirección General de Servicios Penitenciarios, pero también hay una Unidad de Apoyo, y una Coordinación de Seguridad. ¡Casi nada!

Todas esas Subdirecciones las dirige alguien (un subdirector, evidentemente), que es un buen objetivo en potencia, y en este caso yo me centraría en el hecho de que en las juntas de tratamiento podría haber criminólogos pero actualmente no podemos optar a dichos puestos con nuestra carrera, o en la reciente propuesta del Tribunal Supremo sobre vigilar a determinados sujetos peligrosos una vez salgan de prisión.

Se pueden establecer tantos objetivos como se consideren necesarios; ahí ya cada uno puede elegir en función del tiempo y recursos que puede dedicar a su acción de lobby. Recomiendo tener paciencia, porque encontrar datos de determinadas personas, según descendemos en la jerarquía, puede ser complicado.

Para el ejemplo que estoy usando, imaginad que decido fijar como objetivos a Myriam Tapia Ortiz (Subdirectora General de Penas y Medidas Alternativas) y a Javier Nistal Burón (Subdirector General de Tratamiento y Gestión Penitenciaria).

Yo busco tanta o más información de los objetivos que de la persona-meta, mas que nada porque son más accesibles, tienen menos carga de trabajo o al menos no les avasallan tantos ciudadanos. Me preocupo especialmente de averiguar sus funciones, porque si contactamos con una persona incorrecta hay que empezar desde cero, nos mandarán a otro sitio y nos volveremos locos.

¿Y qué pasa con los aliados? Un aliado puede ser cualquiera, siempre y cuando podamos utilizar sus declaraciones o publicaciones en forma de cita, es decir, con referencias. La mayor parte de las veces, no necesitaremos contactar con el aliado, pero yo prefiero tener una carta en respuesta personalizada para la cuestión que les quiero plantear a los ojetivos, porque así tiene más peso.

Un buen aliado en este caso, sería Mercedes Gallizo, ex-Secretaria General de Instituciones Penitenciarias, que comentó hace poco en un programa de La Sexta, la importancia de establecer medidas de control para sujetos potencialmente peligrosos, una vez hubieran salido de prisión (es un ejemplo de algo que podríamos hacer los criminólgos). 

El aliado, evidentemente, no es consciente de que lo es, pero usamos sus respuestas o la información pública que divulga para apoyar nuestra causa y para captar la atención de los objetivos.

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Como véis, la simple confección del plan de acción se puede convertir en un proceso interminable, pero merece la pena contar con información válida y minuciosa para llegar de manera más eficaz a la gente que hemos establecido como objetivo o como meta…

¡Y hablando de la meta! No, no me he olvidado del señor Yuste, pero antes de enfocar nuestra atención en el final de la acción de lobby, necesitamos respuestas de los objetivos, ¡al menos una! Sino, va a ser muy complicado llegar de buenas a primeras y conseguir que la persona-meta nos responda. Personalmente me parece más productivo invertir tiempo y esfuerzo en concienciar e informar a las personas que tiene por debajo, porque deben reunirse con él en algún momento, ya que es su responsable directo.

El proceso es tedioso, pero por poner un ejemplo un poco más criminológico, podría decirse que es como las estafas piramidales: hay que empezar por la base e ir ascendiendo poco a poco; el aliado es el gancho para el objetivo y el objetivo es el gancho para la meta.

Una última cosa: no os informéis sobre esas personas sólo en páginas oficiales del Gobierno. Buscad si tienen webs personales o participan en redes sociales, porque la mayoría lo hace, y ahí podéis encontrar información muy jugosa para llamar su atención, desde intereses personales hasta libros que han leído, gente a la que siguen, temas que les atraen, etc.

En la siguiente entrada creo que me centraré en aspectos un poco más concretos de la estructura del Gobierno y la Administración, porque creo que el ejemplo que he empleado hoy es un poco ambicioso (a lo mejor no os lo parece, pero yo os digo que se puede empezar desde muuuucho más abajo y recibir respuestas más fácilmente), y más adelante en la redacción de cartas.

¡Espero que no se haya hecho una entrada eterna! 😉

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