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Como muchos sabréis, ayer fue detenido el presunto ‘pederasta de Ciudad Lineal’. Con la avalancha informativa a la que nos están sometiendo ahora (que para colmo se desarrolla también a escasos metros de donde vivo), llega también el momento en el que los criminólogos nos tiramos de los pelos; de nuevo se habla sin fundamento de tasas de reinserción y de criminalidad, de cadenas perpétuas y de castraciones químicas.

Así es como me siento hoy, y por eso lo comparto. También soy persona, tengo debilidades y defectos. Pido perdón de antemano si alguien se ofende leyendo mi artículo.
Unos no controlan sus impulsos, otros no controlan su lengua y hoy yo no voy a controlar mi indignación como profesional de la Criminología.

Viendo cómo trabaja la prensa para cubrir el caso del pederasta de Ciudad Lineal, no salgo de mi asombro: ayer bajé a la farmacia y entró un tipo que se acababa de bajar de una moto, preguntando dónde estaba el piso (sin identificarse y con una bufanda tapándole media cara); yo y la dependienta nos quedamos atónitas, pero otra mujer que entró en ese momento se lo dijo. Resultó ser periodista, aunque no sé de que cadena.

Hace un rato pasé por la entrada de mi calle, donde están apostados todos los periodistas, la policía y varios curiosos, y justo traen al tipo en el coche. Se pone a gritar media calle ‘hijo de puta’, ‘maricón’ (¡!), ‘cabrón’, etc. ¿Sabéis quien estaba entre los que gritaban, haciéndose pasar por paisano de la zona? El periodista que entró ayer en la farmacia.

Ninguna de las personas a las que he visto gritando como descosidos esta mañana me sonaban del barrio. ¿Trae la prensa a sus ‘agitadores’ aquí para que parezcamos unos verduleros exaltados? La gente del barrio está atónita ante la situación porque en esta zona, no ha pasado nada como esto ni parecido, al menos en los 29 años que llevo viviendo aquí. Viví hasta los 7 años, 3 pisos más arriba que este sujeto, y conociendo todavía a varios vecinos de ese bloque, no he visto a ninguno gritando ni increpando; sólo a desconocidos.

Cada día me queda más claro, que la prensa tiene una influencia exagerada a la hora, no sólo de crear alarma social, sino en el control social. Esta mañana en la radio y en televisión no hacen más que hablar de que NINGUNO de estos sujetos se ha reinsertado JAMÁS, que si hay que endurecer las penas, que si no se les vigila, que si no tenemos suficiente policía para vigilarlos a todos.

Pues no. Pero tienen a miles de criminólogos en paro que no pueden realizar trabajos de prevención, no pueden realizar investigaciones de campo para estudiar estos fenómenos de una manera RIGUROSA y CIENTÍFICA (me pregunto en qué estudios basan afirmaciones como ‘ninguno se ha reinsertado’). Tampoco pueden participar en las juntas de tratamiento en prisión ni ayudar a crear una política criminal más eficiente ni programas de reinserción eficaces, y ni muchísimo menos pueden realizar un trabajo equivalente al ‘agente de la condicional’ norteamericano, para vigilar a estos sujetos.

Se están diciendo todo tipo de tonterías, como que vigilarles sería quebrantar su intimidad… ¿Perdón? ¿acaso un detective privado no realiza labores de seguimiento no invasivas? La gente o parece nueva o lo es. ¿Que ningún pederasta es reinsertable? Si eso fuera cierto, los 12 sospechosos con antecedentes que viven en este barrio y a los que la policía vigilaba desde hace semanas, estarían todos reincidiendo y no tendríamos 1 serial, sino 12. Luego me salen periodistas y supuestos expertos que no tienen ni idea diciendo que ‘el éxito en la reinserción de este tipo de sujetos es del 0%’. ¿De dónde saca usted ese dato? ¿De verdad cree que tenemos 30,000 pederastas seriales actuando y reincidiendo en estos momentos? (30,000 es el nº de pederastas que estima la Policía que hay a nivel nacional).

Miren ustedes una cosa, señores expertos en Criminología que salen en la tele: decir ‘no hay nada que hacer, porque este tipo de sujetos son peligrosos y no se reinsertan’, sólo demuestran lo ignorantes y deterministas que son. Parece mentira que hayan estudiado a Quetelet o a Ferri. ¿Cómo pueden tirar la toalla de esa manera? ¿No les han enseñado que el crimen no se puede erradicar pero sí reducir? Pues vaya criminólogos… en lugar de hacer mención de sus conocimientos caen en el negativismo más absoluto y dicen que no se puede hacer nada, que para qué… No sólo tiran piedras contra su propio tejado, sino que demuestran saber 0 patatero de Criminología. ¡Ah, no, perdón! No tiran piedras contra su propio tejado porque no son criminólogos de verdad; son profesores de universidad con otra formación pero enchufados a los departamentos de Criminología, son psicólogos, son periodistas o son antropólogos expertos en no se sabe qué.

Se puede ser determinista sin caer en el negativismo; se puede creer en que las cosas nunca serán perfectas pero SÍ MEJORABLES. Si tiramos la toalla sin haber hecho nada, ¿qué nos queda? Construyamos pues nuevas prisiones en las que no se obligue a nadie a seguir un tratamiento; sigamos implantando los tratamientos y medidas de seguridad que hemos usado siempre, puesto que como vemos, nos funcionan tan bien.
Sigamos mirando para otro lado y diciendo ‘no se puede hacer nada’ y sigamos creyendo que no hay mejora posible, que ya hacemos todo lo que podemos; tenemos un PROFESIONAL que es ninguneado e ignorado por población, instituciones, organismos del Estado y medios de comunicación
que es el CRIMINÓLOGO, cuyo trabajo es precisamente ese: estudiar el delito para reducirlo, estudiar al delincuente para reeducarlo y reinsertarlo o en su defecto, vigilarlo; estudiar a la víctima para tratarla y ayudarla y estudiar el control social para prevenir a la gente y evitar que esto se convierta en un ‘ojo por ojo’.

Qué frustrante resulta creer en mejorar las cosas, creer en dar un mejor tratamiento a quien está en disposición de recibirlo y creer en que podemos tener una justicia y un sistema penal más eficiente. Imaginar una política criminal donde se previene pase lo que pase y no se espera a legislar en caliente, parece cosa de locos.
Esos locos existimos, y por eso estudiamos lo que muchos consideran ‘una carrera que no es de verdad’, CRIMINOLOGÍA, porque creemos en ello, pero no se equivoquen, que no es ningún acto de fe ciega: es conocimiento empírico, que probaron y aplicaron otros desde hace ya siglos. Pese a que se siguen mejorando las técnicas y la metodología científica que se emplea, nos siguen tratando como a estudiosos de pandereta.
Lo nuestro ya no es una tarea de locos, es directamente quijotesco; luchamos contra gigantes con mucho más poder (mediático, político y social) que no hacen sino pisotear nuestros estudios, nuestros trabajos y nuestro empeño por crecer.

Hoy es uno de esos días en los que ser Criminólogo en este país me duele. ¿Dónde están ahora todas las asociaciones?, ¿qué hace la famosa FACE? ¿quién va a decirles a los que se preguntan ‘qué puede hacer la sociedad para luchar contra esos monstruos’, que nosotros estamos dispuestos?
Dar la cara por una vez por la Crimnología, ¿o todos vuestros contactos con la prensa y con las instituciones son sólo para beneficio personal? Los que trabajamos de gratis y en el anonimato para sacar adelante esta disciplina no tenemos el peso ni la posibilidad de lanzar un grito -ya desesperado- para que alguien sepa que estamos aquí. Los que pueden hacerlo cuando quieran, no lo hacen.

Ahora que todo el mundo se pregunta qué hacer con estos sujetos, ahora que todo el mundo habla de reinserción y de rehabilitación, ahora que claman justicia las víctimas y que se habla de castración química, tratamientos insuficientes e ineficaces y cadena perpétua, nadie clama en nombre de la Criminología, pero para hablar de psicópatas, perfilación criminal y para el autobombo personal, a algunos les falta tiempo. ¡Qué den la cara ahora y den las respuestas a las preguntas que se está planteando todo el mundo! Pero que no me digan que ‘no se puede hacer nada’. Esa es la respuesta que un verdadero criminólogo nunca daría.

Ahí dejo la reflexión de esta mañana, porque podría seguir escribiendo y escribiendo durante horas y no pararía. Mañana es cuando los que no tenemos voz deberíamos inundar las redacciones de prensa con cartas al director (y yo pienso hacerlo).
Pese a lo frustrante y desesperante que es ser Criminólogo en momentos como este, yo no tiro la toalla; no quiero convertirme en una ‘criminóloga de sillón’, que se queda en casa analizando las cosas con lupa y no comparte su trabajo, ni su conocimiento, ni sus opiniones. Seguramente no se me oiga, pero la probabilidad de ‘endenderle la bombilla’ a alguien sigue ahí, y me aferro a ella. A diferencia de otros, yo también puedo ser algo determinista, pero no caeré en el negativismo infundado. Eso sí que no.

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Actualizaré el perfil del caso que dejé por terminar, y lo aderezaré si es posible, con datos sobre la cobertura informativa, que como sabéis tanto me fascina. Espero poder hacerlo en cuanto pase el revuelo.

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