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Buenos días.

Si bien este blog empezó hace unos meses con la publicación de artículos sobre temas más orientados a la Criminalística, poco a poco va tomando la forma que yo en un principio había ideado, es decir, hay cada vez más información práctica relacionada con la Criminología, en forma de artículos de divulgación y opinión, entrevistas, etc.

No obstante, y para no perder las buenas costumbres, de vez en cuando me gusta hablar de temas un poco más específicos, así que hoy reservo esta entrada para hablar sobre las armas blancas en nuestro Reglamento de Armas. No quiero entrar en lo impreciso y contradictorio que me parece en ciertos aspectos de su contenido, pero no es por falta de ganas, sino porque la entrada se eternizaría 😛

En definitiva, ¿qué está considerado como arma blanca? ¿cuáles se pueden tener en casa y cuáles se puede usar? ¿puedo llevarlas por la calle?

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Las armas blancas vienen clasificadas en la 5ª categoría de nuestro Reglamento de Armas, donde se dividen en dos subcategorías, que son:

– Aquellas armas de hoja cortante o punzante que no estén prohibidas (categoría 5.1)
– Aquellas otras que sean usadas por militares o que sean una imitación de las mismas (categoría 5.2)

Aquí ya vemos que no sólo se hace una distinción según el tipo de arma del que estemos hablando, sino que también hay dos ‘usuarios’ que pueden tenerlas: los particulares y los militares. Esto es importante para entender lo que viene a continuación, ya que hay determinadas armas blancas que no pueden tener ni portar los particulares.

En la siguiente tabla podéis ver un resumen sobre las armas blancas en el que he intentado prestarle una especial atención a la tenencia y al uso:

 

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El Reglamento de Armas es muy deficiente en cuanto la normativa de armas blancas se refiere (ya lo sé, dije que no entraría en esto, pero es de cajón), porque que en algunos casos especifica que un determinado arma no puede comprarse ni portarse, pero sí tenerse en el domicilio para formar parte de una colección o para decorar. La pregunta entonces es, si se puede tener en el domicilio, ¿cómo llega hasta él?

Fijaos por ejemplo en lo que establece el reglamento para ‘Navajas manuales cuya hoja exceda los 11 cm de longitud’; va a ser difícil que alguien la pueda transportar hasta su casa para ponerla en la pared de adorno, si la Guardia Civil no se la lleva, puesto que no se pueden portar ni exhibir fuera el domicilio… ¡y todos sabemos que la Guardia Civil no es una empresa de mensajería! No tengo claro si en la ‘vida real’ (para la que no parece estar hecho este Reglamento) se expide algún certificado o permiso para que la persona interesada en comprar un arma de dichas características se la pueda llevar a su domicilio, porque en algún sitio tendrá que comprarla. Por lo que me explicaron en su día al respecto mientras daba la asignatura de ‘Armamento’, esto es la ley de la jungla, es decir, al final la gente compra las armas, se las lleva a su casa sin permiso de ningún tipo, y si le pilla la Guardia Civil se aplica el sentido común (cosa que parece que no se hizo cuando se redactó este Reglamento… ¡perdón!)

Tampoco explica como es posible que no se pueda usar ninguna de las armas citadas ni siquiera en el propio domicilio con fines no delictivos o peligrosos para la salud o integridad física de las personas (como por ejemplo podar una planta o cortar una cuerda), y es que creo que todos cortamos jamón, salchichón y demás embutidos con un cuchillo de más de 11 cm de longitud de hoja en algún momento de nuestras vidas. Sin ir más lejos, tengo aquí en casa un cuchillo para el pan que uso cuando algún familiar trae una de esas maravillosas chapatas de pueblo, cuya hoja mide casi 15 cm de largo y que compré un día en Carrefour; como después tenía que hacer varios recados, me paseé con el cuchillo en una bolsa por medio Madrid, por el metro y hasta estuve en casa de una vecina.

Aunque en esta tabla no se comenta nada al respecto, todavía corre por Internet una información muy popular que dice que se pueden llevar navajas siempre y cuando su hoja tenga ‘menos de cuatro dedos’ de longitud. Esto no solo no es cierto, sino que en el caso de que lo fuera, esa medida sería de lo más imprecisa, porque ¿cuatro dedos de quién? ¡Como si todo el mundo tuviera los dedos del mismo tamaño!

Pues eso, leed el Reglamento de Armas, que deja mucho a la imaginación pero por lo menos es legislación vigente 😉

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