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Hoy tengo una pila de trabajo impresionante y debería haber publicado alguna de las entradas que ya tengo preparadas, pero me ha dado por rebuscar en la bolsa con nombres de personajes importantes para la Criminología (la explicación a esto la tenéis en la primera entrada de la serie), y confieso que ha habido tongo, porque he entrevisto el nombre de ‘Mateo’ y he pensado, ‘¡tiene que ser Orfila!’ 😛

En fin, aquí lo tenéis (y prometo no mirar dentro de la bolsa la próxima vez)

ImagenAntes de empezar hay que aclarar que en realidad, se llamaba Mateu Josep Bonaventura Orfila i Rotger (casi nada), pero¿quién era? Muchos habréis oído que Orfila es muy importante en el mundo de la Criminología, y más concretamente en el de las ciencias forenses, pero ¿porqué? Pues porque este vecino de Mahón (Menorca) se convirtió en el que muchos consideran el padre de la toxicología moderna.

Para el regocijo de criminalístas de todo el mundo, Orfila fue un marino frustrado que decidió dejarse llevar por la ciencia -una de sus grandes pasiones- y estudiar Medicina. Para ello, tuvo que viajar hasta Valencia, ya que en Menorca no existían esos estudios allá por el año 1804.

Sin embargo, parece que no quedó nada contento con cómo se enseñaba esta disciplina en la Universidad de Valencia y por eso se marchó en su segundo año a Barcelona, pero esta vez para estudiar Química. Hay que destacar que Orfila, además de un estudiante modelo, era un experimentador nato, y dedicaba su tiempo libre a hacer experimentos de química que le sirvieron para adquirir mucha experiencia en este campo.

En Barcelona las cosas le fueron mejor, ya que consiguió una beca para estudiar dos años en Madrid y otros dos en París, donde completaría sus estudios de Química y Medicina. Cuando estalló la guerra entre Francia y España, a Orfila le quitaron la beca, pero pudo seguir en París dando clases particulares de Química y otras ciencias, lo que le hizo ganar mucha experiencia como profesor.

En 1811 se saca el doctorado en Medicina y es entonces cuando comienza su carrera en el mundo de la toxicología: Hizo experimentos con venenos en más de 5000 perros (por el bien de la ciencia, que conste), daba conferencias en el Ateneo de París y en 1813 publica su famoso ‘Toxicología General’, considerado algo así como ‘la biblia de la toxicología’.

Orfila triunfó tanto en París, que en 1819 le concedieron la cátedra de Medicina Legal y más tarde le darían también la de Química Médica; dicen que sus clases estaban a reventar, no sólo de estudiantes sino también de oyentes y científicos que se acercaban a verle realizar experimentos en vivo. En definitiva, Orfila encontró en Francia el reconocimiento que no obtuvo en España, además de un marco adecuado donde desarrollar sus dotes, razón por la que no quiso volver a su país natal ni cuando Fernando VII se lo ofreció.

Durante el tiempo que impartió clases en la Universidad de París, también actuó como perito en juicios y hasta cuando murió siguió apostando por la ciencia, porque en su testamento dejó instrucciones y fondos para la creación de instituciones científicas y de beneficiencia, además de pedir que se practicara su autopsia delante de sus alumnos, para que pudieran seguir aprendiendo de él incluso después de muerto.

Orfila es uno de mis personajes favoritos dentro del mundo de las ciencias forenses, así que si os interesa la toxicología, os recomiendo encarecidamente estudiar su vida y su obra. Aquí dejo un link de su ‘Tratado de Medicina Legal‘, que está en Google Books, donde también se puede encontrar el Tomo II.

Hasta la próxima entrada

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