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Esta semana ha sido muy primaveral, y como no he parado de encontrarme bichos por todas partes, se me ha ocurrido amenizar este viernes con una entrada sobre entomología forense 😉

Tengo que admitir que me gustan mucho los escarabajos de cualquier tipo…, ¡pero las polillas me ponen los pelos de punta!

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El uso de insectos y artrópodos como ayuda en la investigación criminal es bastante antiguo.

Ya en la antigua China, sobre el siglo XIII, se utilizaba una forma primitiva de entomología forense; Sung Tsu describe en su libro ‘The Washing Hawai of Wrongs’, traducido al inglés en 1981, un caso que tuvo lugar en una aldea china en la que se produjo el homicidio de un aldeano mediante una hoz, y relata que, tras examinarse las hoces de todos los habitantes del pueblo, se observó como las moscas se posaban en una en particular, atraídas por los restos de sangre. Al no poder dar una explicación al respecto, el dueño de la hoz acabó confesando su crimen.

También en otras partes del mundo empezó a utilizarse la entomología con cierto éxito, como es el caso del profesor suizo Bergeret d’Arbois en Francia en 1855, A. G. Merasen en Edimburgo en 1935 o Bernard Greenberg de la Universidad de Illinois, en Chicago, considerado como el padre de la entomología forense en Estados Unidos.

Fue a partir de la década de los 80 cuando se produjo un resurgimiento en su aplicación forense y hoy en día no sólo se emplea para datar la fecha de la muerte, sino que tiene un uso mucho más amplio.

 

Los principales objetivos de la entomología forense y su aportación a las ciencias forenses son los siguientes:

–      1. Datar la muerte a través del estudio de la fauna cadavérica.

–      2. Determinar la época del año en que se produjo la muerte.

–      3. Verificar si el sujeto ha fallecido en el lugar donde ha sido hallado o ha sido trasladado hasta el mismo.

–      4. Dar fiabilidad y apoyo a otros medios de datación forense.

 

Además, la entomología forense presta ayuda para responder a las dos preguntas que debe hacerse un investigador en relación a un cadáver, que son:

– Causa de la muerte y las circunstancias en las que se produjo.

– Data de la muerte y el lugar en el que aconteció.

El fallecimiento de una persona ocasiona una serie de cambios físicos y químicos en el cuerpo, y el estudio del conjunto de organismos que aparecen en el mismo (conocido como fauna cadavérica), le corresponde a la entomología forense y sirve para establecer el tiempo trascurrido desde la muerte, denominado intervalo post mortem.

 

Pero, ¿qué tipos de insectos hay?

Según el profesor Goff, cabe distinguir cuatro categorías de insectos o artrópodos que tienen relación directa con el cadáver:

–      1. Especies necrófagas: Son las que se alimentan del cuerpo. Incluyen dípteros (Calliphoridae y Sarcophagidae) y coleópteros (Silphidae y Dermestidae).

–      2. Especies parásitas y predadoras de los necrófagos: Incluye coleópteros (Silphidae, Staphylinidae e Histeridae), dípteros (Calliphoridae y Stratiomydae) e himenópteros parásitos de las larvas y pupas de los dípteros.

–      3. Especies omnívoras: Se incluyen aquí grupos como las avispas, hormigas y algunos escarabajos que se alimentan tanto del cuerpo como de los artrópodos que se ven atraídos por el mismo.

–      4. Especies accesorias: Son especies que utilizan el cuerpo como una extensión de su hábitat natural, como por ejemplo los calémbolos, arañas, ciempiés y algunos tipos de ácaros que pueden alimentarse de los hongos y el moho que crecen en el cuerpo.

 

Además de lo anterior, es necesario tener en cuenta en qué fase de descomposición se encuentra el cadáver, porque se distinguen cinco fases:

–      1. Estado fresco: Se inicia la hinchazón del cuerpo y los primeros insectos en llegar son las moscas de las familias Calliphoridae y Sarcophagídae, las cuales van depositando sus huevos en las principales cavidades del cuerpo: boca, nariz, orejas, ojos y región anogenital.

–      2. Estado hinchado: A consecuencia de los gases producidos por la reacción metabólica de las bacterias, se va produciendo la hinchazón del cuerpo hasta su totalidad. En este estado predominan los Calliphorídae.

–      3. Estado de putrefacción: Se rompe la piel, las vesículas y el cuerpo se va deshinchando, formando un magma putrilaginoso. Los insectos más abundantes son las larvas de los dípteros. Al final de esta fase, las Calliphorídae y las Sarcophagidae abandonan el cuerpo tras completar su desarrollo como pupas.

–      4. Estado de putrefacción tardía: Los restos van pasando a ser piel, cartílago y huesos. Los dípteros dejan paso a los coleópteros como especie predominante (salvo en los ambientes húmedos, donde siguen predominando los dípteros).

–      5. Estado de esqueletización: Llegado este momento sólo quedan pelo y huesos, y no existe una fauna clara asociada, aunque pueden observarse diversos grupos de ácaros.


Desde el punto de vista científico, la data de la muerte sigue siendo la principal aplicación y preocupación de la entomología forense, pero para que las pruebas aportadas por esta disciplina científica tengan validez, se exige un riguroso protocolo de recogida y procesamiento de las evidencias entomológicas tanto en España como en el resto del mundo.

No obstante, debe tenerse en cuenta, que los datos obtenidos por el estudio de los insectos, no siempre van a ser exactos y sólo nos van a informar sobre el período de actividad de los mismos, lo que exige un conocimiento muy específico; es por ello que hoy en día, sigue siendo necesario avanzar en el estudio de los ciclos vitales de muchos artrópodos, ya que algunos de ellos son poco conocidos, como es el caso de los coleópteros y los escarabajos.

Para más información sobre el tema, recomiendo mucho leer el libro de M. Lee Goff, ‘El testimonio de las moscas’.

 

Hasta la próxima entrada 🙂

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