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El otro día una persona me preguntaba que qué se puede sacar de un pelo, así que voy a dedicar esta entrada a ese tema 😉

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Los pelos, aunque pequeños, son unos de los indicios forenses que más información pueden aportar sobre el agresor o la víctima de un crimen. Durante las inspecciones oculares resulta de vital importancia buscarlos y recogerlos con sumo cuidado, teniendo muy en cuenta el lugar donde se encontraron (si estaban enganchados en alguna parte del cuerpo o prenda de vestir, si estaban en alguna zona concreta de la escena del crimen, etc.) y si estaban o no impregnados de alguna sustancia biológica o química, que pueda servir como indicio adicional para resolver el caso.

Los pelos resultan difíciles de encontrar, especialmente en aquellas escenas del crimen que se encuentran al aire libre o que se han limpiado, aunque por suerte para los investigadores, son tan difíciles de localizar para ellos como para los criminales que intenten hacerlos desaparecer.

Nos pueden dar información muy variada, tanto sobre un agresor como de una víctima, así como de sujetos o animales que estuvieron en contacto directo con alguno de ellos o incluso que se encontraban en la escena del crimen.

Analizar los pelos recogidos es muy importante porque podemos obtener información que no nos sea posible recopilar del resto de indicios encontrados, ya sea por su mal estado de conservación, porque han sufrido una contaminación o porque no son suficientes.

No me enrollo más y os pongo qué resultados se pueden obtener del análisis de un pelo:

–       Establecer la identidad del sujeto al que pertenecía en base al ADN: La raíz del pelo (también conocida como bulbo) es el único lugar del pelo en el que se puede encontrar ADN, y por eso tiene tanta importancia dentro de la criminalística. ¡Pero ojo! Que a finales de 2013 leí sobre un nuevo método que parece que va a permitir obtener ADN del resto del pelo, sin necesidad de la raíz; a ver si aparece más información al respecto y nos enteramos de cómo es posible eso 😉

–       Averiguar el grupo sanguíneo (ABO): Esto puede hacerse mediante un análisis de ADN.

–       Detectar el uso de tintes: Se puede averiguar si el pelo ha sido teñido mediante su observación en el microscopio, ya que la raíz (si la tiene) tendrá otro color. Si el pelo no tiene raíz y no sabemos si está teñido o no, podemos lavarlo y decolorarlo después muy cuidadosamente con agua oxigenada. Si es cano, podemos averiguar si ese es su color natural o no utilizando azul de metileno (si se tinta, es que no es natural).

–       Detectar sustancias adheridas (del entorno donde vivía o trabajaba el sujeto al que pertenecía el pelo, etc.): Mediante un examen minucioso en el microscopio, puede detectarse polen, polvo, etc.

–       Detectar la presencia de parásitos: Los más comunes son los piojos, que se pueden encontrar también en estado larvario (liendre) o en huevos.

–       Averiguar si el pelo es humano o animal (y en el caso de que sea de animal, de qué especie): El pelo procedente de un animal suele ser más grueso y presentar un aspecto más tosco que el del ser humano. En el caso de los pelos animales, las escamas de la cutícula no rodean por completo el tallo, cosa que sí ocurre en el caso de los pelos humanos.

–       Determinar la raza: Mediante observación microscópica, debemos observar la sección transversal del pelo. Además de esto, hay datos orientativos, como por ejemplo, que en la raza blanca el pelo está implantado verticalmente, mientras que en la negra está curvado en forma de sable.

–       Determinar el sexo: Existen varios métodos, como por ejemplo observar el índice medular (el del hombre es superior a 0,20 y la de la mujer es menor), el valor del índice de sección (que también suele ser mayor en los hombres), etc.

–       Determinar a qué zona del cuerpo pertenece: Según la zona del cuerpo a la que pertenezca el pelo, puede tratarse de cabellos (de la cabeza), cejas (de la parte superior de los ojos), pestañas (de los párpados), barba (del rostro del hombre adulto), pelos de las axilas, pelos del pubis, pelos del tórax, pelos de las extremidades o vello.

–       Determinar la edad aproximada: Se puede averiguar si se observa el estado de pigmentación del pelo en el microscopio. Es más fácil identificar los pelos de recién nacidos o fetos, ya que presentan unas características muy concretas (puntas muy finas, no tienen pigmento ni médula y tienen un diámetro máximo de 35 micras).

–       Averiguar si el pelo ha sido arrancado o se ha caído: Si el pelo se ha caído de forma natural, encontraremos el bulbo entero y la raíz recta, mientras que si ha sido arrancado, el bulbo estará incompleto o será inexistente y la raíz estará curvada.

–       Detectar venenos o drogas: Pueden encontrarse restos de sustancias no orgánicas, que tienen una gran importancia en criminalística, especialmente en aquellos casos de envenenamiento o intoxicación con algunas sustancias tóxicas; puede tratarse de arsénico, plomo, silicio, hierro o fosfatos. Lo mismo ocurre con algunas drogas, que se eliminan del cuerpo según va creciendo el pelo (por lo que también puede averiguarse la fecha aproximada en la que se consumió).

–       Detectar enfermedades de la piel, alteraciones en la nutrición, si hay alguna enfermedad en el pelo o si se ha quemado.

 

¡Y eso es todo por ahora! Hasta la próxima entrada 🙂

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