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La ciudad de Burgos alojó los pasados 27 y 28 de marzo el III Congreso Internacional de Justicia Restaurativa, convirtiéndose así, para los que nos interesamos por el ámbito legal/criminológico, en la ‘capital europea de la mediación penal’.

La mediación penal es, por decirlo de alguna manera, una de las hermanas pequeñas de la Justicia restaurativa, y aunque ejerce su influencia más habitualmente en la esfera del Derecho Penal, hay que decir que los resultados de su aplicación no dejan de sorprendernos gratamente , hasta el punto de que esta práctica se está extendiendo a otros campos del Derecho.

A mi me gusta decir que este tipo de justicia, es una justicia con letras mayúsculas, porque no sólo ‘resuelve’ el problema de la víctima, sino que también ofrece soluciones para el delincuente y para la sociedad; por decirlo de una manera simple, y no entrar en tecnicismos innecesarios, es un tipo de justicia que no se conforma con aplicar una pena: su objetivo es ofrecer una solución íntegra al problema del delito, centrándose no sólo en la víctima, sino también en el delincuente y el control social.

Si hay algún Criminólogo leyendo este artículo, se le habrá encendido la bombilla al ver esos tres conceptos, porque describen precisamente los objetos de estudio de la Criminología, y quizá por eso la mediación penal y la Justicia restaurativa nos interesen tanto profesionalmente, porque crean el contexto idóndeo para que la Criminología y el Derecho se den la mano y trabajen codo con codo en la vida real.

Un buen ejemplo de otros ámbitos del Derecho en los que podría implantarse la Justicia restaurativa o la mediación, es el que vengo a exponer en este artículo, porque precisamente en Burgos vive Rosa, la mujer que ha conseguido hacer que la Justicia (sí, la que todos conocemos) funcione; ayer mismo saltaba la noticia a los medios: El Tribunal Supremo dictamina que negarle opositar por su condición de embarazada, fue discriminatorio.

Aunque no se trata del típico caso de delincuente-víctima, considero que la mediación puede hacer mucho por aquellas personas a la que un organismo oficial, una entidad gubernamental o en cualquier caso, un ‘gigante’ empresarial, discriminan por la condición que sea, y es que no son precisamente pocos los casos de este tipo que llegan a los juzgados.

En ciertas ocasiones, las personas discriminadas en el ámbito profesional no denuncian por falta de información, falta de medios o por miedo a represalias; si bien es cierto que existen numerosos ejemplos de victorias legales como la de Rosa, nuestro sistema de Justicia no se caracteriza precisamente por su rapidez ni por su cercanía con el ciudadano de a pie (y que conste que no recrimino personalmente a los profesionales que trabajan a diario en los juzgados por estas cosas). Eso, sumado a que nuestro sistema legal pone a veces muy difícil al ‘chico’ defenderse frente al ‘grande’ ofrece un panorama algo descorazonador, que se traduce en una sociedad que ha perdido la fe en la Justicia (“no todos somos iguales ante la ley”, dicen por ahí).

¿Qué ha faltado entonces en el caso de Rosa? Como Criminóloga, opino que ha faltado ‘corregir’ al grande y concienciar a la sociedad, porque no basta con darle la razón a la víctima ante un hecho que a ojos de muchos de nosotros es de sentido común: en ningún caso un embarazo debería ser el motivo de que privasen a esa mujer de su derecho a presentase a unas oposiciones.

Es por eso que creo que el futuro de la mediación y la Justicia Restaurativa está también en los casos como el de Rosa, porque sólo así, con una justicia no solo justa (¡que es de cajón!), sino eficaz y aleccionadora, la sociedad puede cambiar a mejor, sentir que participa realmente en el sistema legal y mejorar las relaciones de sus ciudadanos con las grandes entidades.

Desde aquí mi más sincera enhorabuena a Rosa por su empeño, y por ser, desde ayer, un ejemplo a seguir para miles de personas que también han sufrido discriminación en el entorno laboral. Ahora sólo queda esperar que sigamos teniendo buenas noticias desde el campo de la Justicia Restaurativa, y que el día de mañana, casos como este se resuelvan de una manera más eficaz para todos, o lo que es lo mismo, que se ofrezca una mejora para la víctima, para el delincuente y para la sociedad.

¡Hasta la próxima entrada!

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